Tus Ojos Cansados

CristoRotoComo otros -pero sin ser lo mismo- llegó a mi puerta.
Un hombre cansado, agobiado y al mismo tiempo fuerte, grande.
Había chocado dos veces ya el mismo día y decidió parar.
Llegó a mi puerta como aquella otra vez en que aquella conversa “lo salvó”.
De los 23 años casado, 20 le fueron infiel.
Fuera de su casa, durmiendo donde pudiera, con dos hijos que no le dirigen el habla.
Desorientado, simplemente deseando ser escuchado.
No entiendo por qué, no entiendo… dicen que lo que me ha pasado sale en la Biblia -me decía;
Como si ello fuera un consuelo.
Tus ojos cansados combinaban perfecto con tu sonrisa de asombro
de angustia y de esperanza,
demostrándome que si es posible conjugarlas -a ambas.
Yo tampoco entiendo por qué, solo espero hermano mio
que la vida injusta no te cierre los ojos y que ese Dios que viniste a buscar
te abrace de una vez por todas.

buen-pobre

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La fiesta de los muertos

ilustración de Javiera Marambio
ilustración de Javiera Marambio

Ese día no había música y todos los muertos bailaban.
Fue hermoso ver como se levantaban de sus tumbas para vestirse de flores.
Los vivos se paseaban con ternura limpiando los lechos e iluminando los cuartos.
Todos danzaban en silencio.
SAMSUNG CAMERA PICTURESPor lo menos eso creía. Hasta que comencé a oír una musiquita.
Una linda tonada que venia de abajo, de lo mas abajo de la tierra. Aunque dicen que una vez dentro de los mausoleos o de la tierra las coordenadas se invierten. Me lo explicó un amigo físico y yo le creo.
Es decir, que abajo es arriba y un arriba que no es el arriba de nosotros. O algo así fue lo que me dijo. Con prolijidad, claro.
La tonada se sentía entre las flores, como brotando de las lamparillas multicolores que inundaban el camposanto. Colores por doquier y la música tan especial ella, tan única, música de muertos, cantada por los muertos.
SAMSUNG CAMERA PICTURESLos vivos danzaban y los muertos saltaban de alegría.
Había también vivos que estaban muertos, ellos no se movían. Me parecían tan tristes, anclados a la pena sin fondo. “Ya danzarán” -me dijo una niñita con una lamparilla roja en la mano.
La seguí hasta un antiguo mausoleo un tanto abandonado.
Me tomó la mano y me pasó su luz. La miré sonriente y no hice sino lo que debía: la deposité sobre la piedra. Un calor me llamó la atención: la piedra estaba caliente como habiéndose alimentado durante todo el año de ese sol, hoy, vestido de otoño.
La niña ya no estaba a mi lado ni en ningún lado.
Ella danzaba mirándome sobre la tumba caliente. Y me cantaba esa musiquita de los muertos que hoy tarareo junto con ellos y con ella en mi propio lecho de vivo.

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La Bandada Revolucionaria

nino20revolucionarioTuve un sueño. Había un ejército de niños, eran miles y todos armados. Empuñaban lápices de colores, plasticinas, plumones, pinceles, acuarelas. Algunos soplaban serpentinas y hacían burbujas de jabón… algunos usaban máscaras, las había de ratones, elefantes, gatos, conejos… Pude distinguir a varios entre ellos, estaba Simón, el Dieguito, Gaspar a la cabeza, el Pedrito Sebastián, la Lourdes, el Vicho, la Clarita, Ambrosio, Martin, el Benja chico, el Clemente, la Olivia, el Manuel, la Celeste… algunos corrían, otros gritaban, algunos bailaban tomados de la mano; pero el ambiente no era de fiesta. Era un verdadero ejército dispuesto a pintar las calles con tizas de color, a rayar vitrinas ostentosas con hermosas e infantiles acuarelas. Estaban dispuesto a todo: muchos cargaban sendas bombas de agua. Los adultos temblaban, no sabían que hacer. La memoria de sus hijos les pesaba. Había varios sin nombre, sin rostro. Niños de todas partes, de todos los países, de todos los pueblos: Niños Mapuche, Niños polacos, Niños de Togo, Niños y más niños. Niños con vestidos, niñas con bigotes de chocolate, niños con el pelo de arcoíris, niñas con antenas de caracol. Niños dinosaurio, niñas astronautas. Niños con alitas, había muchos ¡Estaban todos en todas partes! Aunque muchos ponían cara de enojo, parecía chistoso porque en realidad estaban llenos de amor. Era una bandada de niños, niños pájaros, niños peces, niños búfalos, niños caballos, niños tigres… niños sin dientes, niños con anteojos allendistas, niños con tatuajes…

nic3b1os-pintandoEse día hubo una verdadera revolución. El ejército de los niños arrasó con todo y nadie movió un dedo. Adultos borrachos de cosquillas o llorando de una incontenible emoción sin nombre. Lo niños se tomaron hospitales y escuelas, se pusieron los gorros de policías y la cabeza entera se les desaparecía dentro. Se subieron a los barcos y se alejaron sin adultos de la orilla. Cuentan que hubo niños bañándose en las piletas de los malls o en las aguas del Mapocho y moviendo los relojes en las estaciones de trenes. Muchos tirando globos en todos los semáforos de la ciudad. Niños arriba de los árboles, niños jugando futbol dentro de los supermercados… Fue un día larguísimo de casi una semana.
La bandada de niños volaba sobre los autos y transformaba los jardines y palacios en parques de juegos. No quedó cama hecha ni cocina limpia. Guerra de comida, guerra de agua, guerra de jabón, guerra de guerras. Los perros eran como los niños y ladraban y corrían eufóricos persiguiendo utopías. Las reales, las de veritas.
Ese día Gaspar y Pedrito abrazaron a sus papás, Simón y Ambrosio corrieron como Usain Bolt, la Celeste y muchos otros nos sacaron tanta risa que jamás, jamás el mundo siguió siendo el mismo.
Cuentan que nadie limpió nada durante 80 años, hasta que los niños y niñas se volvieron a rebelar.

Africa-Ninos

Ante el dolor del otro, una epojé de mi mismo

SWABI, PAKISTAN - JUNE 1: Pakistani children wait for hours in line for dinner at the Yar Hussain camp June 1, 2009 in Swabi, Pakistan. According to the NWFP authorities and the UN, at least 3 million internally displaced persons (IDPs) have now been registered as a result from recent fighting and on-going military operations against the Taliban.The Taliban have fled the Pakistani army's advance on the main town in the Swat Valley, according to the Pakistan military. The refugees have fled from Swat, Buner, and Lower Dir facing extremely harsh living conditions in the searing heat in overcrowded camps. (Photo by Paula Bronstein /Getty Images)
SWABI, PAKISTAN – JUNE 1, 2009

Ante el dolor, el sufrimiento y la catástrofe que sufre el otro hay múltiples reacciones. Algunas de piel, otras reflexivas, unas instintivas o reflejas, otras desconfiadas y cautelosas. Sea cual sea la reacción hay algo que nos pasa, que nos nos deja igual.
Somos afectados por aquello que afecta al otro. Sobre todo si ese otro es un inocente, un indefenso, débil, sin recursos o simplemente carente.

El mal que aqueja al hermano nos aqueja, lo queramos o no. A veces por una fracción de segundo. Segundo que puede ser una eternidad en el corazón, segundo que puede visitarnos en las noches tranquilas y en las veladas familiares llenas de sonrisas. Segundo que podrá explotar ante una opinión xenofoba o sobre reaccionar debido a una acción ajena hecha por un desconocido. Ese segundo permanecerá guardado, como un regalo que no quisimos abrir. Por miedo, por respeto, por tiempo, por lo que sea.

Lo que sucede es que ese segundo se llama compasión. Se llama rechazo ante el dolor, se llama impotencia. Ese segundo se llama y nos llama a otra cosa. Es una alerta de que no todo esta bien y que si para mi las cosas caminan para otros no y eso me concierne.

Ante el dolor del otro no caben las interrogantes suspicaces ni la autoreferencialidad cómoda. No a lugar la comparación, pues el sufrimiento no aguanta metáforas. Ante el dolor ajeno no caben reuniones, meetings, largas sesiones de discernimiento, leyes en el congreso, años de teorías y debates… El sufrimiento del otro es del orden de lo urgente. Y merece una respuesta urgente.

Ese segundo de compasión y rebeldía será fuente de vida y podrá, eventualmente -pues el mal es fuerte- revertir situaciones de sufrimiento y la muerte de las victimas de nuestra ceguera con olor a €euro.

El sufrimiento del otro nos exige ponernos entre paréntesis -eso es una epojé! Poner entre paréntesis nuestros análisis y versadas opiniones, pues la urgencia no da tregua. No cabe estar de acuerdo con la ideología, la religión, las razones, los colores y opciones del otro que sufre. Eso podrá -podrá!- venir después, cuando el sufrimiento dé lugar a la mesa de la igualdad y de la horizontalidad. Antes, en el tiempo de la urgencia, la propia epojé es necesaria para salir al encuentro y sembrar ese segundo que nos carcome el corazón aunque le echemos tierra durante toda la vida.

A la familia de todos los pequeños Aylan Kurdi de hoy

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Tiempo

A fin de cuentas pagamos por tiempo. Usted hace tantos cursos en la u: tiempo. Y su carrera dura tantos años y si dura más paga más. Hace un doctorado y paga por el tiempo que invierte, ya que podría hacerlo desde su casa; pero lo importante es el tiempo: para leer, escribir, pensar y seguir leyendo. Por todo ello paga. Tiempo. Si quiere tiempo con sus hijos páguele a alguien que haga lo que Ud. Así tendrá tiempo. Tiempo igual plata. ¿Cómo romper esa inexacta igualdad? Dos posibilidades. La primera, teniendo tanto dinero como para comprar el tiempo, todo lo que desee. No sólo porciones de tiempo: unas horas al día, unos tres días a la semana, un mes al año; el anhelado año sabático (plata). Es decir teniendo todo el dinero posible durante una vida. Si es que no quiere también comprar tiempo para sus hijos y los hijos de sus hijos. Complicado. Al punto que esta primera hipótesis significa que comprar más tiempo del que recibe (o del que debiéramos recibir) equivale a quitarle tiempo a otra persona. Por ejemplo: Ud. Paga para tener tiempo para tal curso; eso significa que el profesor de ese curso tendrá menos tiempo para pasear, ya que tendrá que otorgarle el bien por el cual pagó (ya sea en horas extras, en revisar las pruebas o dedicarle tiempo a sus preguntas e inquietudes). La otra posibilidad es no comprar más tiempo y romper radicalmente esa cadena esclavizante. ¿Cómo? Viviendo según otro tiempo. Al ritmo de un tiempo que no se compra ni vende. Fuera del tiempo regulado por el dinero. Según SU propio tiempo. Ese que usted es. Según ese tiempo las cosas tendrán el plazo que usted estime conveniente, los ciclos, ritmos, desarrollos, logros, etc tendrán otros tiempos que no es necesario comprar. El problema de esta segunda alternativa es que trae como consecuencia ser un marginal. Alguien “fuera” de los ritmos y velocidades impuestas por este mundo. Vivir según su tiempo es vivir otro mundo. Quizás más humano, lo que es seguro: más barato.

La torre2 de Babel

Estimado señor Cencosud, no hemos tenido la oportunidad de conocernos; sin embargo quisiera escribirle unas líneas desde mi ignorancia e ingenuidad. Resulta que he pasado muchas veces por fuera de la gran torre que ha construido con mucho esfuerzo. La torre número dos. Realmente una obra impresionante de ingeniería. De eso no cabe duda. Lo que sucede es que últimamente he escuchado muchos alegatos en torno a los estacionamientos y los futuros atochamientos en los alrededores de su torre. He oído tanto del entorno como de la estética del barrio. Claro, cuando ya va en el piso 67 de su torre. Imagínese. He visto con estos ojitos como se ve desde leeeejos. Increíble; uno no se da cuenta de la magnitid hasta que pasa por al lado. Una maravilla estructural. Pero ¿sabe lo que me pasa? No entiendo sus razones ni los alegatos urbanísticos autocentrados. No entiendo el para qué de algo así. Déjeme decirle señor Cencosud, si quería trascender –cosa que jamás juzgaría- ¿por qué no hacer algo realmente importante para la humanidad, para la nación, para su país? Podría haber donado unos tantos millones para reconstruir los inmensos campamentos de mediaguas en la VII u VIII Región. Podría haber aportado un poco en la necesidad de albergues para gente en situación de calle. No sé si sabe, pero estan colapsados. La gente no tiene donde ir. Para qué decir de centros públicos de rehabilitación. Podría haber ayudado en infraestructura en cientos de liceos y escuelas de Chile. Podría haber creado grandes áreas verdes, tan necesarias para la capital gris. No sé, es cosa de tener creatividad. Si se tiene la billetera, por supuesto. Cosa que aquí no pongo en duda. No quiero ser descortés, pero no me calza. Es eso. Paso por la población donde vivo, por sus calles, pasajes, por la feria. Y veo su torre desde lejos. Y, algo no me calza. ¿Estoy tan mal? Podría haber aportado en un plan de cultura para todos, imagínese bibliotecas gratuitas inmensas, buenas, con internet y todo. Con su nombre afuera. Imagínese proyectos deportivos en los campos, en los suburbios. Imagínese planes de prevención y educación para liberarnos de las drogas. Con su logo, su marca. No se preocupe por eso. Por último, sabe; podría haber dejado la torre2 hasta el piso 50 –igual es alto, ¿no cree?- y con el resto que se yo; se daba un gustito filantrópico. Definitivamente estamos en mundos distintos. Non capisco. Blablabla.

HERMANO SILENCIO

No sé si a alguien más le sucede. En realidad sí lo sé; más aún, no me cabe duda. Es una sensación. Y es que Chile se ha convertido en un país ruidoso, en una sociedad bulliciosa. Los chilenos y chilenas nos hemos tornado un pueblo verborriento. A ver, si paramos a pensar en todo lo que leemos, en todo lo que escuchamos, en cómo cada acontecimiento –muchas veces ínfimo- se transforma en un notición escandaloso, en portadas de diarios, en debates y discusiones en radios y matinales. Para qué decir de la cantidad de blogs, columnas, editoriales, cartas, gritos y más palabrerías. Obviamente hay palabras necesarias, pero me parece que son las menos y cada vez más acalladas por tanto ruido. Vivimos una cierta inflación de temas, de intereses, de “cosas que pasan”. Al mismo tiempo una demanda gigante por parte de la ciudadanía (y a la vez un peso para la misma) de tener que opinar al respecto. De tener que tener una opinión. Y no cualquier opinión. Tal vez del antiguo “no estoy ni ahí” (¡parece parte de un pasado remoto!) pasamos a un “¡cómo no tení una postura!”. Opina hombre, decide, piensa, manifiesta. Tení que decir algo del aborto terapéutico, de la eutanasia, de la derecha y la izquierda, de Cuba y la Camila, de la Iglesia, de los sueldos, de la discriminación. ¡Di algo! ¿Escuchaste? ¿Viste la entrevista? ¿Supiste que? ¡Bájalo del Youtube! No te preocupí, te lo mando altiro al mail. ¡Qué sobredemanda! ¡Qué locura! Urge, el nuevo arte de filtrar. Si no quieres colapsar, debes filtrar. Si filtras, parece que te informas de la mitad. Si te informas de la mitad (“¿pero no leíste lo que escribió….?”), tu opinión no es totalmente válida. Ergo, debes informarte más y mejor. Conclusión: colapsaste. Bienvenido al círculo vicioso de la sobre información, del ruido.
Que ganas de profundizar como país en un tema. De ir a los fundamentos, a los principios, a las bases, a lo realmente importante para una vida buena y verdaderamente humana. Callemos ese ruido, esa vibración de alta frecuencia que no hace otra cosa que desvirtuar el diálogo. Hagamos silencio. Dejemos apaciguar el barullo. Seamos pacientes al reflexionar. Respetemos los procesos humanos del pensar, del concluir, del juzgar, del decidir, del actuar. Silencio en la sala que el burro lleva hablando mucho tiempo.