Un Papa del otro lado

Tal vez como hace siglos que no éramos testigos de una animadversión tan explícita y pública al Papa. Lo que sucede es que el Papa está parado en otro lado. Con sus aciertos y errores, con sus equívocos y humanas pretensiones, el Papa Francisco esta parado en el lado de los pobres y excluidos; en un lado en donde la Iglesia ha sentido mucho y pensado poco. Un lado desde el cual, en Europa y el Norte Mundial, el Obispo de Roma y cabeza de la Iglesia se vuelve incomprensible. Cuando se está al lado y del lado de los pobres y excluidos es la misma institución y sus leyes las que pasan a segundo plano, se sitúan en su lugar propio: un después epistemológico y jurídico. Un luego que tan solo por ser un luego cuestiona cimientos de poder y argumentos de tradición. Francisco, repito, con sus errores –y algunos bien tristes- representa otra forma de ser Iglesia, una manera distinta de pensarse, sentirse y desvivirse desde el Evangelio: la manera de aquel que sufre, de la persona que tiene puesta su esperanza última en Dios, pues el mundo, los otros y sus instituciones se las han negado siempre. En ese lugar la fe adquiere todo su sentido y fuerza. Es justamente allí donde se “desborda”, donde se hace “sobreabundante” y deja ser caridad, generosidad y buena voluntad. Es allí en donde el mandato de Jesús “Haz tu lo mismo” se encarna y trasforma en ética, en política, en ecclesia. El Papa, en estos tiempos globales y en donde la hegemonía eurocéntrica sigue queriendo imponerse, habla desde el Sur. El Sur es una categoría geográfica, pero también mental –espiritual-, social, política y eclesial. El Papa es del Sur, viene desde el Sur, está parado en el Sur. En el inicio se le criticaba “no ser un intelectual” –como si solo en el Norte se pensara; “no ser un gran teólogo”, como si la teología se hiciera solo en las aulas del Norte y sus reductos nortepensantes del Sur. Se decía “habla como párroco”, intentando comprender un ethos folclórico –a los ojos del Norte- que irrumpía en Roma con modismos y gestos propios de quien se para al otro lado e (im)propios para sacrosantos lugares de la Europa extraviada y en decadencia. Francisco desde allí les habla a todos; de la mano de los sencillos, de los sintecho, sintierra y sintrabajo les habla a todos. Por eso su marca ha sido la ternura y la misericordia. Pues quien habla abrazando al pobre herido solo puede acercarse al indiferente, al cómplice y al individualista desde la misericordia. Este es el Francisco que nos viene a visitar. Un Papa atacado desde dentro –con libros y públicas intervenciones de sus propios Obispos y hermanos en la fe (y ojo con caer, sin espíritu crítico, en esa estrategia maligna). Un Papa que como nunca en la historia reciente está mirando más allá que muchos: laicos, teólogos, agentes pastorales, vaticanistas, religiosos/as, curas y obispos. Un Papa que sueña, que anima, que impulsa, que mueve, que empuja y sobretodo que ama. El Papa no es Dios, no es Jesús ni un santo en vida; es solo un servidor; un hombre orante y discípulo de Jesucristo, un obrero de la Comunidad-Iglesia, un misionero de la misericordia. Un obispo. Y como tal habría que agregarle el apellido “del Sur”. Francisco del Sur eclesial, del Sur social, del Sur de la historia, del Sur cultural –con sus sabores, su chispa, su entrada y su sospecha. A ese hombre lo acogemos con cariño y alegría para que vuelva a recordar a la conciencia cristiana (y ojalá no creyente también) de los Chiles de hoy que el pobre urge, que la tierra llora y que las relaciones humanas pueden y deben ser cordiales, abiertas, tolerantes, amables, alegres, pacíficas y justas.

Anuncios

Sueño con un país

chileindigenaSueño con un país multicultural en el cual se respeten (la memoria, existencia y actualidad) de los pueblos originarios; donde la naturaleza y el cuidad de la “casa común” sea primordial. Un país en el cual las estructuras sean dinámicas, flexibles y corregibles; para ello la democracia debe serlo también: es decir, dependiendo de la importancia de los valores y derechos en cuestión las estructuras de gobierno (toma decisiones) deberán variar. En algunos casos las decisiones serán tomadas por todos los ciudadanos y en otras por los legítimos representantes (ellos a su vez serán evaluados por el mismo pueblo).
Sueño con un país en donde el arte, la cultura, la belleza sean un valor fundamental.
Un país que no sea esclavo del lucro, de las finanzas y el mercado. Un país donde haya y se respete la libertad de culto religioso; en donde las ideas se debatan y el dialogo y la conversación (ciudadana) sea uno de sus más altas marcas.
Un país en donde la miseria y la pobreza que deshumaniza sean desafíos primordiales; en donde la justicia sea una verdadera garantía.
Torres del Paine mountain range, PatagoniaUn país en el que se supriman en la mayor parte de los casos las cárceles y se busquen otros mecanismos y estructuras para ayudar a los ciudadanos a vivir en comunidad. Un país en el cual se respeten los unos a los otros, incluyendo las nuevas tecnologías que bajo la (falsa) bandera de la libre expresión y la democratizacion de las redes, permiten generar un odio y una especie de cultura del desahogo violento y agresivo contra el otro.
Creo en un país que debe elevar los espíritus humanos, luchando y buscando desarrollar los más altos valores.
Un país en donde la ética y la misericordia tengan cabida; incluso cuando en algunos casos se ejerzan contra la ley.
Un país que no sea esclavo de sus propias leyes, pues tenga la sabiduría practica (tantas veces olvidada!) de comprender el espíritu de la ley por sobre su letra.
Un país transparente; donde los ciudadanos sepan qué es lo que se hace, como, para qué y con quienes.
Un país que trabaje por la paz, la propia y la de otras naciones hermanas. Que no busque fortalecer ejércitos ni educar o formar una especie de cultura “para la guerra”.
Un país gentil, hospitalario, amigo del extranjero. Donde jamás se le niegue la habitación a nadie. Ni muchos menos hacer diferencia de ningún tipo por su proveniencia. Un país que en este sentido sea “profético”, adelantado; percibiendo que el mundo camina a una cada vez más grande integración. Donde no solo se permita la movilidad (viajes, posibilidades educacionales, lenguas), sino que se promuevan. Un país que sea ventana y puerta abierta.
banderaSueño con un país preocupado por la integralidad del ser humano: su desarrollo material, psicológico, espiritual y corporal. Un país en donde el acceso a la salud y la educación (de calidad) sea posible para todos en todas partes.
Sueño con un país que es capaz de ir contracorriente respecto del consumo, de los índices y estándares económicos; un país que renuncie a ese progreso (mal entendido) desenfrenado y sin sentido. Un país en donde la inmensa brecha social sea una aberración terrible que merece ser corregida.
Creo en un país democrático, libre, hermoso y justo.
Un país preocupado por sus enfermos; en donde el anciano sea validado por lo que es (anciano) y no por lo que fue (hijo de tal, miembro de no sé qué).
Creo en un país en donde Dios está presente; pues en definitiva se sabe criatura, no eterno y frágil.
Sueño con un país donde el placer, la recreación, la fiesta, el baile y la celebración poseen un lugar importante; ya que tiene una gran conciencia de cómo estas actividades (la gratuidad!) engrandecen a la persona y lo encaminan a la felicidad.
Un país que respeta a sus niños y les permita vivir con plenitud su niñez. Negando todo tipo de trabajo infantil y condiciones de vida que atentan contra su desarrollo sano, equilibrado y seguro.
Con que nos acerquemos un poco a este sueño (que podría ser mucho más grande aun!) yo me sentiría feliz.

El desierto de Atacama
El desierto de Atacama