SUMISION de Michel Houellebecq

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Pese a que creo que la novela se fue desinflando de a poco, es un texto interesante. Una novela para reflexionar y entrar en la ficción de una Europa decadente que se entrega al Islam como único camino de salvación (política y social).
La decadencia de la intelectualidad europea viene dada por el protagonista de la novela, François. En paralelo a toda una élite política de Francia que no consigue renovarse ni en sus ideas ni en sus figuras. Versus un camino de crecimiento por parte del Islam, más bien instalado en la periferia de la sociedad. Es innegable que un pacto político con el mundo islámico significaría para Francia y la Europa occidental un crecimiento y surgimiento económico. Así, la novela –llena de erudiciones filosóficas y literarias- se desarrolla entre la decadencia y la posibilidad de otra cosa –ofrecida en este caso por el Islam y las petropotencias de oriente.
Creo que Houellebecq caricaturiza una figura, esta vez la del profesor universitario radicalmente individualista y decadente, entregado al alcohol y al sexo libre; sin ninguna profundidad espiritual y bastante pobre en sus relaciones sociales. No creo que logre construir una metáfora del hombre contemporáneo. Talvez a mediados o finales de los 90 podría haber sido, hoy no. De igual modo, creo que la situación política y las vías de reflexión de la misma son caricaturizadas por el autor (sin menospreciar la interesante reflexión sobre una posible “Eurabia”). Carecen de profundidad y sentido crítico, como si éste no existiera en la Francia de hoy. Obviamente es una exageración, la exageración que permite la ficción y que cuestiona, incomoda y de alguna manera muestra algo real. Sin duda, una agudización de un síntoma o de una posibilidad entre muchas.
Entre las cosas interesantes, están la referencia constante –casi como un adagio misterioso- a la vida y obra de Huysmans. Habría que ver el vínculo con el autor de la novela, por lo menos en cuanto a lo intelectual. Digo interesante, pues se trata de alguien que termina su vida como oblato viviendo en un monasterio. Una especie de intelectual que renuncia al mundo y se transforma en un eremita escritor y crítico, maravillado por la belleza de la liturgia cristiana y su búsqueda de Dios. Es como si la posibilidad de terminar como Huysmans estuviera presente siempre en el protagonista –su máximo exponente mundial!- Pero que ante el fracaso y fin de la cristiandad se tornara un camino imposible e inútil.
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En un momento, recogido por varias semanas en el Santuario Mariano de Rocamadour (p. 159), François se enfrenta a esta encrucijada “espiritual” en su vida. Pareciera que habría una posibilidad aún viva para la opción cristiana, para una verdadera “conversión” –cosa que jamás le ocurre, tampoco con el Islam, como muestra el final de la novela. Sin embargo, esta opción no se desarrolla, el protagonista se siente “abandonado por el Espíritu” y sin perseverar, renuncia a la posibilidad de Dios. A mi modo de ver, uno de los climax del libro: François desciende tristemente los peldaños…
No sin caricaturizar el cristianismo, Houellebecq da atisbos de un reencuentro, de un vínculo entre el protagonista y el Dios y la religión a la cual Huysmans se entregó (por razones espirituales? Para terminar sus días en paz? Como refugio ante un mundo ya en decadencia?). Del mismo modo la visión del Islam es reducida a una reverencia (religiosa? Filosófica? Científica?) frente al cosmos, ante la maravilla perfecta de un Universo inmenso e indescifrable; y a una visión estrictamente patriarcal, machista e interesada ante la mujer. Me pregunto qué pensaría una mujer al leer esta novela.
En definitiva, una novela interesante, sin duda “polemista” que aparece en un contexto europeo y francés en donde el Islam crece y se manifiesta de las más diversas maneras: violento, machista, sectario, pobre, segregado, marginal, místico, espiritual, retrogrado, misterioso, poderoso…
Entre las cosas más destacables (a pensar), a mi parecer, está la posibilidad geopolítica de una “Europa mayor”, de una llamada Eurabia que incluso invitaría a países de África del Norte (no tanto por su carácter musulmán, sino geográfico) a formar un nuevo gran imperio, una nueva civilización que por fin (luego de los fracasos del comunismo, socialismo y capitalismo neoliberal) reemplazaría a la desaparecida cristiandad.
Nueva civilización sin Dios. Pues finalmente las “conversiones” que la novela relata no son tales. Es evidente que Houellebecq quiere hacer notar que finalmente todo imperio o gran civilización lleva impresa una religión y que ello no significa verdaderamente una fe. Es decir, una “creencia” necesaria a una gran organización socio-política no es una espiritualidad, una manera de relacionarse con Dios y el hombre, sino simplemente una “forma” (o estructura, supra-estructura más bien) para mantener esa otra estructura socio-política necesaria para formar un imperio. Estructura y supra-estructura que no serían otra cosa que una gran sumisión: Voilà le titre de l’œuvre!

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Via Crucis en Paris

Quise salir a la calle, rezar, y acercarme un poco más a las “animitas”
repartidas por Paris, a los lugares donde seres humanos
habían dado sus últimos respiros
-contra su voluntad y de manera brutal.
photo 1 (3)Así llegué a la Primera estación: La terraza de la Brasserie Comptoir Voltaire,
a metros de nuestra casa.
Aquí me estremeció ver agujeros en los vidrios y en el interior del restorant.
photo 3 (1)Y me sobrecogió ver como gente dejaba algunas velitas, flores y se detenía
en el lugar donde solo hubo un muerto: un joven yihadista que se autoinmoló explotando. Hermoso gesto de humanidad…
No muy lejos la Segunda estación: 92 rue de Charone.
Lugar de fusilamiento, 19 muertos, al menos y 14 en urgencia.
Mucha gente reunida, en silencio. Cámaras, fotos, recogimiento, oraciones desde el corazón. Un niño se refriega los ojos llorosos sentado en los hombros de su papa. Quizás su tío fue una de las victimas.
photo 2 (2)Tercera estación: Bataclan.
Miles de personas rodeando el perímetro restringido para entrar.
La calle cerrada era testigo del pasar de hombres y mujeres, familias enteras queriendo ver, rezar, tocar, presenciar, decir “aquí estoy también”. Dejar una flor, una rosa roja.
No muy lejos, en realidad al frente de la Bataclan algunas velas y pocas personas fuera de un otro restorant.
Qué sucedió aquí? -preguntó alguien casi susurrando.
Uno de los que pudo escapar de la Bataclan herido, terminó por morir en la puerta de este local.
Silencio.
photo 4 (2)Cuarta estación: la terraza del Restaurante Casa Nostra.
Aquí hubo al menos 5 muertos, los agujeros de las balas marcados en los vidrios como los clavos de antaño. Flores y frases, frases y flores: “Por qué?”
Quinta estación: en la calle Bichat, la terraza de Le Petit Cambodge.
Nombre que recordaba otra masacre, aquella en Camboya. Una pequeñita Camboya en Paris, vitrina de muertos e inocentes, citación de otras masacres y brutalidades del ser humano.
Una joven parisina camina solemne con una radio en la que suena fuerte una tonada francesa sobre el amor. Nadie habla, algunos cantan casi inaudiblemente. Salmodia en el sepelio.
photo 2 (4)photo 3 (3)photo 3 (4)Sexta estación: la Catedral Notre Dame.
photo 1Nuestra Señora de Paris se prepara a cantar, a entonar una plegaria a Su Hijo y Señor. Es el momento de “Le glas“: las campanadas de obsequias, la oración por los muertos. Plegaria de campanas que solo se toca cuando muere el presidente, el Obispo de Paris o ante un evento catastrófico.
Este año “Le Glas” de Notre Dame ha sonado 3 veces: por las victimas de Charlie Hebdo; por los cristianos coptos asesinados en Lybia y ayer.
photo 5 (4)Quince minutos mirando el cielo nocturno de un Paris acallado.
Quince minutos en el cual cada campanazo era un “Libranos del Mal” y un “Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.
Sirenas y movimientos por doquier se entremezclan con la reverencia de la explanada de Notre Dame.
Quince minutos que se prolongan por toda la ciudad… enlutecida.

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