Nicaragua y los malos tratos

Estas líneas las escribo sobre todo movido por dos amores: Nicaragua y su historia; y la “vida” carcelaria. Me explico, la revolución sandinista significó mucho para gran parte de América Latina, se transformó en un símbolo de transformación social, política y cultural. La Iglesia misma, sobre todo desde la visión mística y poética de Ernesto Cardenal, ayudó, trabajó y promovió dichas transformaciones. Por eso duele no solo ver la “revolución perdida”, como el mismo Cardenal se refiere a lo sucedido en Nicaragua con la mala gestión de Ortega y su señora (vale mucho la pena leer su libro), sino, y sobre todo, el daño, la violencia, la humillación y las muertes en el pueblo nicaragüense. Lejos de la poesía y las pinturas de Solentiname, Nicaragua está sumida en la desesperación y el caos. Los sueños de una América Latina original, comunitaria y social, siguen cayendo ante la soberbia de pocos, ante los mesianismos de algunos y los personalismos, muchas veces otorgados, de representantes del pueblo. Nicaragua se transforma –desde hace tiempo ya- en otra esperanza fallida. Al menos una esperanza que espera otra cosa, una alternativa al mercado devorador y sus perversos mecanismos bancarios. Una esperanza que busca y busca detener dinámicas extractivistas y la generación/gestación sin parar de seres humanos desechos, de personas despreciadas y marginadas de todo como sobras de un restaurante “fino” y de “buena calidad”. Sin ser el mismo sentimiento, es otra la desazón que brota al percibir como aumenta esa especie de “justicia por las propias manos”. Es impresentable ver como un grupo de ciudadanos golpea a un ladrón en la calle, como luego lo amarra sacándole la ropa. Prácticas como estas se han ido multiplicando. Bajo un disfraz de “buenos ciudadanos”, conscientes, se humilla públicamente al delincuente. Algo similar es lo que hemos visto respecto a los ciudadanos ecuatorianos maltratados y torturados en la cárcel por otros presos. Más allá de ese caso en particular, horrible, denigrante y fuera de lugar, lo que preocupa es esta especie de falso empoderamiento ciudadano. ¿Quién tiene derecho a denigrar a otro? ¿Quién puede hacer justicia a su manera? En una sociedad de derechos y deberes, nadie. En una democracia, nadie. Si los mecanismos no funcionan es urgente mejorar dichos mecanismos. Y sí que es urgente. Pero jamás caer en la cultura del odio, de la denigración. Jamás caer en linchamientos públicos camuflados de bien. Un acto de esa envergadura no puede ser un bien. Y pagar mal por mal es el camino equivocado en una sociedad adulta. Si buscamos tolerancia, diálogo, respeto y crear una cultura de paz; la “justicia por las propias manos” es el peor de los caminos. Parece que nos hemos acostumbrado a los malos tratos. Malos tratos a los presos, malos tratos al pueblo-nación Mapuche, malos tratos a las mujeres, malos tratos a los/las alumnos/as, malos tratos a los extranjeros, malos tratos a los niños, malos tratos a quienes buscan defender al pobre. Malos tratos en todas partes, que sin duda reflejan una sociedad que nos trata mal. Una manera de con-vivir que genera un mal-vivir. Un malestar permanente que nos enferma. Nicaragua está enferma, Trump y sus políticas nos enferman, la violencia política, económica y social nos enferma. La Iglesia y sus abusos nos enferman, las instituciones que deben defender y cuidar nos engañan y maltratan, corrompiéndose y enfermándose. Nuestro Chile sigue apretado, amarrado, anudado; ¿No será ya tiempo de soltar? ¿Cómo no abrir los ojos y buscar mecanismos de sanación? ¿Cómo no decir ¡ya basta! para detener la espiral sin fin de violencia que nos ha ido envenenando? No basta que comience con cada uno, no basta que multipliquemos colectividades de bondad, no basta con que cada uno aporte “su granito de arena”. No basta con autoexiliarse a universos idílicos lejos de todo. Si queremos vivir sanamente la corta vida que tenemos, ya es tiempo de tomarnos en serio el mundo. Como dice –casi atemporalmente, parece- el poeta Cardenal: “Ha venido la primavera con olor a Nicaragua:/ un olor a tierra recién llovida, y un olor a calor/…/¿O es el olor del amor? Pero ese amor no es el tuyo./ Amor a la patria era el del dictador –El dictador/ gordo, con su traje sport y su sombrero tejano,/ en el lujoso yate por el paisaje de tus sueños/ él fue quien amó la tierra y la robó y la poseyó./ Y en esa tierra está ahora el dictador embalsamado/ mientras que a ti el amor te ha llevado al destierro”.

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Cristiano y Revolucionario: Ernesto

ernesto-cardenal-3Naciste el 25 así que la vida ya se te muestra en su atardecer. Fuiste un enamorado de la vida, un apasionado. De esos que hacen lo que otros temen. De aquellos que buscan y sueñan hasta el día de su sepultura. Fuiste un incansable. Tus versos de amante primero, de astronauta después, de revolucionario y de constructor de puentes más tarde. Puedo verte viajando al Monasterio de Kentucky con tu libreta llena de nombres en ese avión centroamericano. Puedo verte mirando por la ventana el Lago de Nicaragua; ese grande, que ni imaginabas sería tu clausura más tarde. Puedo verte llorando a tu tierra. Pues aunque se sea un itinerante se llora en cada partida a los suyos.
pintprimitivistanicaLas lecciones del maestro Merton calaron hondo en tu piel. El monje visionario, hombre santo y artesano del alma te des-cubrió. Cortó el velo que había en ti mostrándote lo que ya traías de tu tierra: sed, hambre de justicia, anhelo de fraternidad, el sueño del Cristo. Merton te esculpió y te dejó partir. Un maestro de vida que sin duda permitió la síntesis que Dios labraba en vos Ernesto.
ernesto2Vino México, vino Colombia –tierra y seminario de Camilo. Vino Solentiname; tu otra morada, la segunda, la tercera, la que fuera. Solentiname fue tu nuevo monasterio y los campesinos y pescadores tus hermanos de comunidad. Ora et Labora, hermoso adagio benedictino se hizo carne de nuevo en los parajes nicaragüenses que más tarde se transformarían en arte. Pues en Solentiname la pintura primitivista tuvo su cuna. Cuánta fecundidad dejabas tras tus pasos Ernesto! Como Merton suscitabas en los otros ello que el Padre había incubado. Como un director de orquesta saca cada sonido, el más bello de cada instrumento. Así. Así lo hiciste en Solentiname. A través de la poesía campesina, de los versos revolucionarios, de los comentarios al Evangelio que cada domingo brotaban bajo la sombra de un árbol o en la tienda del encuentro. A través de los infinitos verdes y rojos y azules de cada pintura, de cada creación: siempre llena de Dios y del hombre sufriente que anhela lo nuevo, lo otro.
Solentiname_048Allí, en tu clausura te pilló la vida. Te encontró el horror contra el cual tus versos luchaban de una dictadura larga y desastrosa, de nombre Somoza. La opción cristiana era enfrentarla. La opción revolucionaria era la cristiana. La opción tuya, Ernesto, fue la de Jesús. La palabra, arma implacable, se llenó de pueblo y de lágrimas, de esperanza y de cristos. Experimentos y luchas de poder: política. Política que cansó a los pequeños, que no forjó lo que querías y tu veredicto fue certero: la revolución perdida.
pinturaprimnicaraguaErnesto hermano; estas palabras no son nada frente a una vida como la tuya: vida entregada, vida donada, vida vivida. El día en que cantábamos a San Sebastián tú completabas tus 91 años de existencia. Cualquiera diría que han sido 150! Has vivido como los patriarcas bíblicos: sin tiempo en el tiempo. Fuera del calendario y al mismo tiempo modificándolo, cambiando la historia, transformando los caminos a voz fuerte y callada. Susurrando el rumor de que un tal Jesús había resucitado por allá en la Palestina. Susurrando que su mensaje era único y hermoso. Absurdo para los intelectuales, romántico para los poderosos, preñado de esperanza para los pobres y sencillos. Ernesto, te queremos para rato. Te necesitamos, aunque estés cansado de vivir. Te dejamos partir al Solentiname Eterno que te espera lleno de poesía en esa Revolución Celestial que ya está ganada: gracias por comenzarla ya. Gracias por ayudarnos a esperar.cardenal_solentiname