Pilmaikén y el monstruo humano

¿Quién firma esos permisos? ¿Qué institución en qué escritorio autoriza tales aberraciones? No nos engañemos con ese ambicioso y ambiguo “capitalismo verde”, un monstruo destructor disfrazado de nutrasweet. Cuesta entender cómo no duele el corazón al ver valles secos, ríos contaminados, glaciares destruidos, especies animales extintas, bosques talados, prados llenos de retroescavadoras y máquinas del desarrollo. Verdadero camino de muerte. ¿Quiénes están detrás de esto? ¿Qué es lo que realmente buscan? Intento salvarles la proposición –¡pero si estamos en democracia caballero!-, pero me resulta imposible. El caso del río Pilmaikén no es más que uno entre cientos de nuestro querido Chile que se lo van comiendo de a poco. Primero una empresa chilena, luego una noruega (reconocida por su “conciencia verde”), primero una hidroléctrica de paso (Rucatayo), luego otra (Pilmaiquén-Puyehue); en proceso de ejecución dos más. Sí señor, nada de fantasía. Entre a googlemaps y busque Pilmaiquén, Río Bueno, región de los ríos. Le aplica la visión satelital y se deleita. Se ve todo tan lindo desde allá arriba. El proyecto busca canalizar casi todo el río, y como consecuencia -triste precio a pagar- inundar predios (entre ellos tierras mapuche sagradas), modificar el ambiente, dañar la biodiversidad (esto es gritado por científicos). ¡¿Para qué?! Ah obvio, para la ecuación: más energía, más empleos, más desarrollo, más felicidad (aquí me callo). Ecuación mentirosa, errónea, tendiente a cero. Cero alegría, cero belleza, cero empleo, cero naturaleza, cero cero cero. Lamentablemente parece que Chile funciona así. Los imagino en fastuosas comidas haciendo negocios: te cedo las 1000 hectáreas para tu parque, pon dentro la hidroeléctrica, véndele los arboles a los gringos, haremos una corrida merrell, consígueme votos, aumenta la seguridad de la zona; tranquilo son puros campesinos pobres y viejos, está lleno de mapuches. Un amigo hizo una cancha de golf, ¡imagínate! Políticos y empresarios, encamados en el dinero y la seguridad para sus familias (qué virtud preciada que todo lo justifica).
¿Y el río y las orillas (¡tomadas!) y la maravilla de la creación?…todo ello cambiando, llorando, gimiendo. Nos va a pasar la cuenta. ¿Por qué no sinceran sus deseos y los votamos? ¿No funciona así la cosa? ¿Para qué se mienten y nos mienten sobre su fe? ¿Han leído la encíclica del papa Francisco sobre la Casa Común? No saben nada.
Se nos habla de ecología integral, del Buen Vivir, del Küme Mongen y parece que nada nos remece. Somos como muertos en vida, no hacemos nada. Unos se levantan y luchan, ¡bendito sean! Otros cansados de tanta compra y deuda y deuda y compra, ya no tienen ni fuerzas para gritar. Solo quieren morir en paz. Pues bien, vea ud que no habrá paz cuando no haya tierra, no habrá paz cuando no tengamos agua -¡Agua!- ya no habrá sonrisa ni niños explorando ni felicidad. Déjeme decirle que la lucha es contra una idea. Ya lo decían que no hay nada más difícil que extirpar una idea. Una idea que nos está asfixiando de a poco. Una idea que lamentablemente abarca un gran campo humano. Pues es una idea del hombre, de la vida en común, del mundo y en definitiva de dios. Esa idea tiene muchos nombres -estrategia barata del ideólogo- idea que llamamos competencia, ley del más fuerte, desarrollo, Estado estractivista, progreso, futuro, prosperidad. Disfrazando así intereses mezquinos de pocos. Decisiones de pocos. Pero claro, quien respira bajo esa idea esto no lo ve. Sólo ve sus logros, sus castillos, sus empresas vikingas y heroicas. Ven oportunidad, ven astucia, ven esperticie. Pobres ciegos que no comprenden la amplitud de su avaricia, la catástrofe de sus metas.
Si se me permite una alusión al Crucificado, pues estamos hablando de comunidades crucificadas, de una tierra herida, de pueblos sufrientes; déjeme decirle que la muerte de Jesús no fue en vano, sino para recordarnos una y mil veces “que no todo está permitido en el mundo”.

(Columna publicada en The Clinic, jueves 10 de agosto, 2017; Chile)

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“La celebración de la vida” (LS, 207)

sebastian salgado
Sebastião Salgado

Desde la mirada del teólogo, Laudato Si’ es un éxito: un manifiesto ecoteológico y un libro de la esperanza creyente. No queremos exagerar, pues siempre hay temas que podrían ser más desarrollados o explicitaciones que podrían quedar más claras. A pesar de ello nos parece un éxito por dos razones nada de simples: Una radical condena al sistema depredador y consumista en el que vivimos y la puesta en marcha de un plan que podríamos llamar: “el otro”. El otro –según Laudato Si’, es fundamentalmente el pobre y la tierra. Dos intuiciones que Leonardo Boff afirmaba hace mucho tiempo; y, antes que él, la más rica tradición teológica (desde Francisco de Asís hasta ciertos teólogos/as de la liberación). La dimensión de la alteridad atraviesa toda la encíclica llena de relaciones y tramas que manifiestan una realidad tan evidente y olvidada como que vivimos con otros, en comunión (y/o destrucción); y que dependemos absolutamente de la tierra, el agua, el aire, los ecosistemas; para vivir y vivir bien. Hablar del otro desde una correcta eco-teología (aquí llamada Ecología Integral) es hablar también del Otro: Dios; del Otro que es comunión de relaciones y trama de Amor sobreabundante. El Dios de Jesucristo nos ha dado un jardín y nos ha nombrado jardineros, cuidadores, para que el Jardín dé fruto y ese fruto sea duradero y compartido.
No es posible hablar de justicia ecológica sin hablar de justicia social; no es posible llorar los desastres que hemos ocasionado en la naturaleza sin llorar el desastre humano de miles de seres en la miseria y el abandono. El inspirado texto eclesial nos ilumina respecto a la “deuda ecológica” de los países ricos (LS, 51) y a la necesidad de un cambio profundo, tanto económico como social. En definitiva un cambio espiritual. El ser humano es invitado a abrirse completamente al otro y a re-descubrir así la “danza del don”: la presencia de una promesa en el otro, promesa que se comparte, que pasa de unos a otros como una verdadera danza, una dinámica de donación en la que la violencia, el consumo y la dominación pueden quedar –si así lo permitimos y deseamos- relegadas frente a la entrega, la gratuidad, la sobreabundancia, el perdón, el dar y el dar-se.
El Dios que se dice en las páginas de Laudato Si’ es el Dios-Amor anunciado por Jesús, el Dios de los pobres que libera nuestra libertad. El Dios que desea cantar con nosotros ese cántico “cósmico” (236) alabando lo común (que es mucho más que el “bien común” y aquí se queda corto el documento): lo nuestro, lo compartido, lo cuidado entre todos, la trama de relaciones que nos constituyen, la pluralidad de lo real; lo amado. El Dios de la Belleza sabe que admirando la belleza nos acercamos a Él (y otras, acariciando la no-belleza sentimos su ausencia y falta). De ahí que campesinos, pescadores, hombres y mujeres de la tierra (pueblos amerindios), artistas y poetas sean muchas veces –¡sin idealizaciones!- maestros de la contemplación y se sientan más en comunión con el Hacedor de la Belleza que aquellos que han sido desplazados a las periferias de las megapolis latinoamericanas. Pienso en Sebastião Salgado y en como la fotografía (y una ¡fina sensibilidad eco-social!) lo condujo a transformarse en co-creador de vida (cf. La sal de la tierra).
sebastian salgado2Una ética y una espiritualidad ecológica nos urgen. Laudato Si’ nos invita a desarrollarlas y con ello interpela a todo cristiano. Ética cuyas aristas serán los pobres, el otro, la responsabilidad, el relacionarnos, la ternura y el cuidado. Espiritualidad cuyos ingredientes serán la Belleza, la contemplación, el Misterio y la alabanza cósmica de un Dios que todo lo ha hecho bien, según su medida, con el sello de la promesa en esa “celebración de la vida” por la que fuimos creados.
Más allá del Sol (LS, IX) vamos todos caminando; será tarea de todos los seres humanos y de los cristianos en particular: amantes del cosmos, jardineros de la casa común, profetas de la fraternidad universal y amigos de los últimos de la historia; para que aquella Fiesta prometida podamos saborearla y prepararla juntos desde ya, en el aquí y ahora de cada ser viviente. “Fiesta de fuegos artificiales/ tal vez un millón de sistemas planetarios./ Nuevas estrellas naciendo de la tenue nube de hidrógeno./ Soles con su tierra. / Un universo común…” (Ernesto Cardenal, Cantiga 4). Nada es definitivo, todo puede ser de otra manera. Que Laudato Si’ active nuestra infinita creatividad y esperanza contra todo para seguir construyendo ese mundo en el que caben muchos mundos.

Dominic Nahr
Dominic Nahr

Esperando la « Laudato Sii »

lib_canti_23_html_3de9999cLa ecología es un asunto antiguo y moderno. Moderno en cuanto a la utilización del término (S. XX) y antiguo en cuanto a su pertinencia y preocupación del ser humano (S. XVIII- XIX e incluso antes si pensamos en la relación de los pueblos originarios de América con la naturaleza; siglo XVI). Sobre ecología se habla mucho y también se propone mucho. Aquí simplemente quisiéramos presentar algunos puntos relevantes en la discusión actual sobre “los ecologismos”.
1) Justicia Social y Justicia ecológica: Una dimensión bien explorada por historiadores y filósofos, pero no tan conocida es la que tiene que ver con el vínculo entre justicia social y justicia ecológica. Algunos autores muestran como en los Estados Unidos el problema ecológico ha estado ligado al tema racial, es decir son los negros quienes sufren siempre las consecuencias de la contaminación y desastres de tipo “naturales”. Lo mismo podríamos decir de los más pobres en América Latina, Asia y África, particularmente. Son los pobres quienes reciben los vertederos cerca o ellos quienes encuentran solo allí un lugar para vivir. Basurales, aguas contaminadas, residuos tóxicos de mineras u otras industrias son “recibidos” en primer lugar por los pobres. De ahí que algunos propongan que un principio de la justicia ecológica debiera ser la “repartición justa de los efectos negativos del mercado y el progreso”. Hoy es imposible no pensar la justicia social de la mano de una justicia ecológica, pues lo que llamamos ecología toca todos los ámbitos, o por lo menos los más básicos, de nuestra vida: alimentación, hogar, celebración, transporte… estilo de vida en definitiva.
Algunos autores dividen la historia en base a la relación del hombre con la naturaleza llamando a nuestro periodo Antropoceno. Para ellos este periodo comienza con la primera revolución industrial (1784 app, aunque para algunos en realidad deberíamos datarlo en 1950 cuando empezamos a sufrir a nivel global las consecuencias de la actividad humana) y en realidad lo que se quiere marcar es una relación distinta con la naturaleza. Relación que perdura hasta hoy: dominación, control… guerra. Me gusta la expresión que algunos filósofos utilizan al decir que el problema hoy es que el ser humano está en guerra contra la naturaleza.
causas de la contaminacion del agua2) El sujeto ecológico: No hay que caer en estereotipos ni en generalización vacías en este tema, pues nos toca a todos y todos somos responsables de alguna manera u otra. ¡Sin embargo, algunos lo son más! La obra reciente de Paul Ariès, filósofo y politólogo francés nos pone en alerta frente a la posibilidad real de lo que hoy se llama “transición energética” o transición ecológica, es decir, el camino a ese modo sustentable y ecológico de vivir, si queremos dejar de destruir el planeta y vivir de cara a un futuro para la humanidad y las generaciones que vendrán. ¿Quién puede realmente conducir a nuestras sociedades hacia ese nuevo modo de vivir? Según Ariès la repuesta “oficial” es clara: las empresas, las grandes firmas y grupos económicos. La respuesta no oficial es otra: lo que él llama “cultura popular”. Según el autor las clases populares han sido invisibilidades durante toda la segunda mitad del siglo XX (incluso podríamos remitirnos a la conquista en América, respecto a los pueblos indígenas), como si su estilo de vida propio no existiera o fuera solo una aspiración al estilo de vida de las clases pudientes. Ariès continúa afirmando que el estilo de vida del mundo popular es mucho más ecológico que las clases dominantes e incluso que el de los “ecologistas militantes”. Esto se explica por la manera de viajar, de alimentarse y sobretodo de descansar (vacaciones). Es evidente que el mundo indígena nos plantea otra manera de ser y de estar en relación. Ya sea a través del Sumak Kawsay (Buen Vivir) de la cosmología Quechua o de la consciencia indígena respecto a la tierra. En fin, ser ecológico hoy es un tanto ambiguo y es normal, pues estamos en pleno momento de cambio y de toma de consciencia. Habrá que ver qué forma de vida nos permite coexistir entre nosotros y con la naturaleza. Nos parece que aquí hay un vinculo “fransciscano” en su sentido más originario: pobreza y creación, sencillez y comunión con la naturaleza, sobriedad y contemplación. Una vida pobre (según el evangelio) y sencilla será también una vida ecológica y en comunión con la Casa Común.
3) El llamado Capitalismo verde: Todo es verde, bio, eco. Hoy las empresas se unen y se suman a la cruzada de los 2°C (temperatura máxima que debería aumentar la tierra debido al calentamiento global, no mas; de lo contrario los efectos serian nefastos e impredecibles para la humanidad). Este esfuerzo que no toca las raíces del problema es lo que se llama “capitalismo verde”; es decir buscar soluciones dentro del mismo sistema destructor y dominante en el que vivimos (¡soluciones buenas también como el offseting o el impuesto al Carbono! pero no suficientes y siempre vinculadas al poder adquisitivo). Aquí nos gustaría enviarlos a la obra del islandés Andri Snaer Magnason, “El país de los sueños” (trad. esp. 2013). De manera implacable Andri muestra el caso de Islandia, de cómo este pequeño país de 300.000 habitantes y uno de los parajes naturales más hermosos del planeta se ha visto comprometido a causa del capitalismo devastador, de cómo las grandes fabricas de aluminio (de lo mas contaminador que existe) se han instalado en tierras vírgenes depredando el ecosistema y la vida de la gente. Historias como estas hay por cientos o miles en todo el mundo: valles intoxicados en el norte de Chile, bosques nativos destruidos en El Congo por empresas chinas, minas de alumina en Jamaica que controlan el país… ¡La solución no será un capitalismo verde o más verde! Aquí estamos frente a un problema de fondo que tiene que ver con la energía, es claro; y la energía tiene que ver con nuestros niveles de consumo y la manera en que vivimos. Y ello tiene que ver con la cultura y la educación. Es decir, hemos sido formados y educados para gastar, para consumir y depredar. ¿Cómo detener este triste espiral sin futuro? ¿Cómo soñar y trabajar en la construcción de ese otro mundo más humano y saludable, más en comunión con la naturaleza y la bio-comunidad de la formamos parte? Nos asusta el poder de empresas capitalistas del siglo XXI que juegan con otros parámetros como lo es Google. Hace un par de semanas en una entrevista (Le Point, N° 2228, 21 de mayo 2015), Sergey Brin, cofundador de Google, y su equipo mostraban el horizonte de su empresa: medicina, biogenética, bio-robótica, supervigilancia, mas rapidez en la información, macroData… y donde terminaba uno de sus trabajadores afirmando algo así como “buscamos transformar la vida y la muerte del ser humano”. ¿De dónde esa autoridad? ¿De dónde ese poder? ¿A quienes se les ha preguntado?
portada-dreamland3) Expectativas ante Laudato Sii: El desafío es inmenso y tememos que las expectativas sean muchas. Una buena teología nos mostrará y ayudará a comprender el lugar adecuado que el hombre posee dentro de la Creación. Una buena teología nos conducirá al Jardín donde Dios formó al ser humano y donde luego Jesús se mostró resucitado (cf. Ecoteología aquí mismo: Agosto 20, 2010) ¿Qué nos gustaría que Laudato Sii dejara en claro? Varias cosas, primero que el sistema capitalista neoliberal es incompatible con una visión humana y divina de la Creación, que los pobres son los primeros en sufrir los desastres del hombre y su voracidad; posicionarse en contra del escepticismo respecto a la crisis medioambiental y ecológica; que hay ecologismos y ecologismos y un capitalismo verde que solo nos conduce a una atenuación (¡y estetización! ¡Como un producto más!) del problema de fondo, que la Iglesia quiere estar al frente de esas “nuevas búsquedas de vida en común” (como la Via Campesina, alternativas de producción, ONGs que trabajan la justicia y la equidad), que una dinámica del Don (que conjuga gratuidad, entrega, donación, per-don…) nos ayudará a salir de la lógica del mercado, la deuda, el consumo y la explotación. Nos gustaría un llamado a un trabajo en equipo: científicos, juristas, sociólogos, filósofos, antropólogos, agricultores, pueblos originarios, ecónomos, teólogos, arquitectos, artistas, profesores… todos trabajando juntos. Esperamos una encíclica que plantee alternativas, que muestre que ellas existen, son diversas y aun pequeñas; que se situé desde la perspectiva de los pobres para, como Francisco de Asís, mostrarnos que la vida sencilla es también (¡y sobretodo!) un canto de alabanza al Señor. Esperamos una encíclica que nos re-eduque respecto a la tierra. Es un año clave, de reflexión, de formación y posiblemente de toma de decisiones (COP21, diciembre 2015, Paris). Pero el camino es largo y supondrá un esfuerzo de todos. Esperamos que Laudato Sii nos impulse a construir Casa-Común, a cuidar los unos de los otros (donde ese unos y ese otros incluye a toda la biodiversidad) y nos conduzca a comprender que la belleza de la naturaleza y las posibilidades humanas son fuerzas que coinciden en el Jardín en el que habitamos. Que Laudato Sii sea la armonía para la música que construimos o que deseamos construir.