Dios, el sufrimiento y lo que podemos hacer.

Muchas veces, no siempre, una reflexión filosófica, teológica o de otro tipo surge de la experiencia. Allí encuentra su raíz. De lo que vivimos y vemos brota el pensamiento; de lo que sentimos o dejamos de sentir; de lo que nos rebela por dentro, de lo que nos alegra.
Este libro nace de eso, de la experiencia de impotencia y abandono ante el sufrimiento de mi papá accidentado; de la pena e indignación frente a la miseria e injusticia de tantos y tantas; y por una experiencia fundante –como me gusta decir, pues así lo es- de encuentro con los sufrientes en los campos, en la selva, en las urbes, en las cárceles y en las casas de los pobres.

Junto a ello, la certeza de que Dios no está mudo; de que la teología y los discípulos y discípulas de Jesús aún tienen algo que decir y proponer. Y mucho que acompañar y aprender.
Del cruce entre la experiencia y la reflexión a partir de la fe; nace este pequeño libro.
Pequeño libro que trata una inmensa incógnita; un enigma –como diría Paul Ricœur; un misterio: el sufrimiento. Para acercarme a este fenómeno universal y, al mismo tiempo, íntimo e intransferible; me concentré en la relación, en la urgencia y necesidad de la relación con los que sufren para desde allí, comprenderlo, asumirlo y combatirlo. Y, por otro lado en como vivenciaron su propio sufrimiento y las relaciones que podían establecer desde ahí, aquellos y aquellas que se toparon con uno de los peores y más horribles rostros del sufrimiento; lo que algunos han catalogado como la fábrica del dolor: Auschwitz.
Junto a lo anterior había en mí un malestar, uno que tenía, que tengo y que sigo percibiendo, que tiene que ver con nuestras catequesis, pastorales y reflexiones respecto del dolor. La búsqueda de un consuelo fácil, de una explicación fácil –propias de un mundo facilista, de palabras fáciles y soluciones en 10 pasos. Cuando sabemos que nada es así, ni la felicidad, ni la democracia, ni las relaciones humanas, ni la familia, ni la fe. Nada. El drama de la existencia y sus vaivenes nos plantea la pregunta por el sufrimiento del ser humano, y por el qué hacer, como acercarnos al dolor del otro: muchas veces intocable e imborrable.
Tanto la teología, como la acción pastoral no pueden ni deben caer en aquellos facilismos tan propios de nuestros tiempos. A veces viendo los panfletos políticos, con una enumeración de propuestas, pienso: qué fácil. Ya sabe qué hacer y cómo hacerlo… En la Iglesia no sabemos siempre cómo hacer las cosas, qué hacer ni como caminar por sendas de humanización. Lo hacemos “a pulso”, buscando, con otros y otras; lo hacemos o nos gustaría hacerlo “al estilo de Jesús”: simple, compartido y abierto.
Baste abrir los diarios estos días, para ver qué lejos andamos. Y baste visitar Villa Francia, Cristo Vive, la Yungay o alguna capillita del sur del mundo, para ver cuán cerca estamos.
Esta reflexión moral, quiere ayudar a seguir buscando, a continuar revisando nuestras prácticas, personales, sociales e institucionales en pos del Reino anunciado e inaugurado por Jesús. Pero por sobre todo busca otra cosa: No soltar de la mano al que sufre. No soltar de la mano al preso, al enfermo, al pobre, al marginado, al migrante, al que vive en la calle, al borracho sin remedio, al niño vulnerado… porque ellos nos tienen algo que decir, algo infinito, algo que viene de Dios y de lo más profundo del ser humano.
Quiero agradecer profundamente a varias personas, me tomaré el tiempo para ello si se me permite. Agradezco al teólogo jesuita francés Alain Thomasset, quien me ayudó a sistematizar este trabajo, agradezco a mis hermanos de congregación: Alberto Toutin, Eduardo Pérez-Cotapos y Alex Vigueras que lo leyeron, me orientaron y me animaron a compartirlo. Agradezco a Diego Irarrázaval que también se dio el tiempo y la delicadeza de compartirme sus opiniones. Agradezco a Lytta Basset, una de las teólogas que sigo en su pensamiento por su lucidez, calidez y buena acogida. Agradezco a Veronique Dufief, madre de familia y valiente testimonio cristiano desde su bipolaridad; agradezco a Editorial San Pablo, en particular a Rodrigo Morales –mi editor- por su cariño y atención con este tema tan importante y a Andrés, por las largas horas presenciales y virtuales corrigiendo hasta los más mínimos detalles, que en un texto nunca son mínimos. Gracias a mi familia religiosa sscc y a mi familia de sangre por su apoyo incondicional; gracias a los amigos y amigas que siempre apoyan y hacen creer en uno y en ese nosotros imprescindible. Doy gracias a Nilo Ribeiro Junior, teólogo jesuita de Brasil y mi profesor de ética durante algunos años, que ha hecho una excelente presentación del texto, un tanto exagerada a mi modo de ver; pero perfecta en cuanto a la antropoética-teológica se trata. Y finalmente agradezco a Alejandra López y Luis Domínguez por estar aquí, uno de bien lejos, acompañando este momento; gracias por su sí desinteresado y gratuito; y por la paciencia para haber leído el libro. Mil gracias!!

Texto leído en la presentación del libro, por Pedro Pablo Achondo Moya
FILSA (Feria Internacional del Libro de Santiago) Jueves 2 de noviembre, 2017

Desde el abismo clamo a ti, Señor“. Dios, el sufrimiento y lo que podemos hacer.                                                                  Editorial San Pablo, Santiago de Chile, octubre 2017, 126 pp.

 

 

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Comentario sobre “Desde el abismo clamo a ti, Señor”

 

Desde el abismo clamo a ti Señor” parido por el corazón del teólogo y amigo Pedro Pablo Achondo Moya quiere llamar a toda la humanidad dolida sobre su propia condición. El salmo 130 no es más que la excusa para abordar uno de los frentes más intempestivos y arrolladores de la vida humana. ¿Quién puede descifrar el lenguaje de ese episodio descomunal que deja mayormente sus secuelas y que pulveriza más aún la vida ya frágil de los pobres?. El sufrimiento no forma parte hoy de la agenda de los escritos teológicos tradicionales, tal vez porque desde las cátedras dogmáticas se pontifique con dureza la “resignación” que debe acompañar ese evento desgarrador. Tampoco se esperará interpretaciones en la sociedad capitalista que lo promueve por todo el planeta con escandalosa perversidad, desparramando interminable sed de venganza hacia blancos disparatados y ufanándose de millones de víctimas inmoladas. En la obra subyace permanentemente la memoria del Holocausto que, como exergo e incitación, nos induce a la reflexión sobre el sufrimiento provocado y la desesperada búsqueda de Dios al mismo tiempo. Algunas memorias vuelven del exilio literario para darnos luz sobre muchos otros dolores que ponen en zozobra nuestra vida, sobre todo en este continente de permanente injusticia. Los testimonios de Lytta Basset y las referencias a Thevenot, Metz, Hillesum, Gustavo Gutierrez, entre otros, nos hacen viajar en una mancomunada reflexión filosófica y teológica con acento en una nueva Ética ante el siempre mutable rostro de los millones de sufrientes necesitados de consuelo. La primera, una teóloga suiza de primera línea que supo poner la piel a esta reflexión urgente y necesaria. El texto mezcla rigor intelectual con sencillez de poeta de pueblo. Su principal logro será hacernos pensar en lo posible: la osadía de la compasión, la revolucionaria manera de descubrir a Dios en los sufridos de la Historia y el descubrimiento de que aquellos actos nos reconstruyen a nosotros mismos, con la posibilidad de inclinar la balanza hacia los débiles. No es la obra de caridad que entusiasma a las clases medias maquilladas, es el acto de amor jugado que traspasa límites para llegar a la otra orilla, es la audacia colectiva de “perder” el tiempo para curar un herido del camino abandonado por todos. Esta ópera prima de la acción compasiva tiene sus ribetes emocionantes. No será ya lo mismo abordar el sufrimiento después de repensar a los filósofos de la alteridad como Buber o Lévinas, este último con marcas epidérmicas de los campos que tuvo la posibilidad de ir al ovillo de la Libertad intelectual renaciendo permanentemente para no morir. Así como Levi, Wiesel o Bauman, sobrevivieron con su memoria intacta y nos “provocan” e inquietan apasionadamente. O desde la capacidad de Benjamin de rever la Historia desde otro lugar, una aventura a la que nuestros teólogos de la Liberación nos tienen acostumbrados, con peor o mejor suerte. No será lo mismo colocarse del lado de los vencidos- acorralados de la Historia, emboscados por tantas pestes y quebrantos. O la sensibilidad de Dufief quien carga con desesperación su dolor psíquico clamando a su Salvador. Pedro Pablo eligió pensadores poseedores de enormes heridas imposibles de exorcizar con ritos protocolizados. Cada uno de ellos desnuda su originalidad y su resiliente actitud superadora. Mi primer encuentro de impacto irreversible con los sufrientes fue cuando Dom Paulo Evaristo me pidió vivir con Enfermos de SIDA a fines de los 80, una escuela que llevé con dolor y esperanza por 6 largos años y que marcó profundamente mi vida personal. Fue allí cuando me quedé sin retórica y nací a una nueva realidad. Y desde allí amanecería todos los días de mi vida con el sufrimiento golpeando a mi puerta. “Desde el abismo..” me hizo bucear en las miles de preguntas pendientes, en las centenares de horas de trabajo en la salud buscando aliviar la agonía de los que viven el dolor en soledad y la alegría que vuelca mi pueblo luchador sin dejarse vencer. Bienvenido sea este crisol que hackeará nuestro pesimismo e iluminará un poco más nuestro horizonte”.

por Luis Domínguez

(http://luisdomin2002.blogspot.cl/2017/10/el-abismo-desde-el-abismo-clamo-ti.html)

Anastasia

Poema de otra encontrado en la otra vereda al lado de la tumba vacía

Llevo años buscándote
años
y el tiempo se me ha transformado en
nada

El tiempo mi aliado
hojas secas que mece el viento
y el anhelo de un libro que fue
censurado

Anastasia mía
caminas siempre delante de mí

¿Por qué te ocultas bajo sombras urbanas
en callejones fríos mujer?

Ni sé que digo
tu nombre me desorienta.

Un DELIRIO
escarbo en basureros de otros
entro en las casas de los otros
converso cosas de otros
buscándote

Te espero en lugares de otros
y a veces
solo
a veces
creo vivir la vida de otro

Es un delirio
caminar descalzo mirando
la cordillera
pensando en ti

Te me apareces en otros rostros
que no alcanzo a diferenciar

De tiempo en tiempo
no eres tú
son otros

Y cruzo sus veredas
camino por sus laderas
nado en sus ríos
piso calles suyas plazas
entro en sus poblaciones
y beso sus labios

Creyendo escucharte
intuirte
padecerte

Y la verdad de los otros
es ahora mía

Una señora se cae de bruces a lo lejos
corro a recogerla
¿señora está bien?

Eso hago
soy el recogedor de otros

En sus escombros
hurgueteo sus campos
sus surcos terrazas cimas

Me mojo bajo sus lluvias
atravieso sus ojos amarillos
queriendo beber de tu costado abierto
chorreando eternamente sangre
sangre y agua
miel
vinagre

Y en tu vereda
me bebo tu vida

Anastasia.

(Anastasia, pag 115-117)

 

Sabrina

13437383_1757655917812882_75961999_nSabrina casi fue violada por su padre, si no fuera por que se defendió, luchó, peleó, con uñas, dientes y miedo. Tenía 14 años cuando ocurrió. Luego, durante tres años los abusos siguieron. A los 17 por fin pudo escapar de su hogar. Su madre lo supo, pese a la amenaza del padre: si hablas te mato, mato a tu madre y me mato yo. Ella, tuvo que decirle a su hija, con el dolor de su alma, que se fuera. Era la única forma de sobrevivir. Luego de un tiempo los hermanos y hermanas de Sabrina se enteraron de lo que sucedió. Nadie le creyó. Una hermana la culpaba a ella: tu lo sedujiste poh. La madre sí le creyó. Siempre. Pasó más tiempo y el padre se enfermó. Un accidente vascular lo dejó sin habla y con poca movilidad. Sabrina fue la única capaz (!) de cuidarlo y acompañarlo. Sus padres ya estaban ancianos y enfermos. Dice ella que cuando lo afeitaba su padre lloraba y lloraba. Papito no llores, si Dios ya te perdonó, le decía. Yo ya te perdoné. Y Sabrina lo cuidó hasta casi el final de sus días. Lo mismo hizo con su madre. Durante mucho tiempo cuando un hombre la tocaba, la pasaba a llevar; incluso en una micro, Sabrina se desmayaba. Hoy, su fuerza y su fe (la fuerza de su fe) la tienen de pie. Sigue soñando con una vida mejor, con su casa propia, con su libertad. Y sueña, pese a todo, que las relaciones familiares algún día llegarán a ser buenas y sanas. A la Sabrina ya no le gana nadie. Tu eres nuestra navidad.

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#NiUnaMenos

14717528_777643319043156_5641890188444565504_nQué linda eres
Antes y aún más
Después
Violada por tu padre desaparecido
Acompañabas a tu madre a tomar
Alcoholizada de niña
Conociste el sexo temprano
En la calle
Drogada
Aprendiste el arte de robar
Mucho
Te cortaste los brazos
Heridos llagados
Que algún futuro tatuaje intentaría
Ocultar
No sabes multiplicar y con dificultad
Leer el lenguaje de los relojes
Sumas restas lees un poco
Casi nunca
Estabas loca y te quitaron a tu
Hijo
Uno de quién sabe cuantos
Raquel estás viva
Sonríes con la sabiduría de una anciana
Mascullada por la vida injusta
Raquel víctima
Raquel tierna
¿Qué te ha hecho la vida joven mujer?
¿Qué te hará la vida cuando camines
Nuevamente por las calles sucias
De la ciudad que te asesinó hace tanto?
Linda por todo
Un verso en memoria de una vida extirpada
Un nombre de verdad
Un rostro real
Una mujer viva y
Presa.

(Anastasia, 2016, p. 135-136)

Dibujos: Jessen @protean1919

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Calendarios

apertura-carcel-715x374Fue breve, casi un instante. Y es que en la cárcel hay que estar despiertos. Nada de distraerse; incluso los visitantes. No fue una visita más, pues nunca lo es. Cada una puede ser el despertar de algo único. Allí, en ese instante vigilante; justo cuando el Paulo me estaba repartiendo las cartas para jugar “calle”; le preguntó –más bien increpó, a don Ale: “¿Oiga, está haciendo un calendario?” Don Ale, quien terminaba un mes completo con letra bonita, trató de disimular. Siendo imposible escapar, confesó su delito: Si.

marAhí supe que en la cárcel no hay calendarios; no hay que hacerlos; mucho menos colgarlos por ahí. Es una ley. De las de verdad. Nada de fechas ni meses. Fuera las semanas y esos días feriados que pueden ser los más terribles. En la cárcel el tiempo del calendario no vale, no existe, no interesa, no importa. Se lucha porque así sea -una lucha más. Aquí cada uno sabe, cada uno lleva la cuenta. Cuenta que es mejor muchas veces ni llevar. En la cárcel los calendarios no cuentan y si uno entra como si fuera a irse en algunos días –u horas; es mejor que no venga.

calendario

Via Crucis en Paris

Quise salir a la calle, rezar, y acercarme un poco más a las “animitas”
repartidas por Paris, a los lugares donde seres humanos
habían dado sus últimos respiros
-contra su voluntad y de manera brutal.
photo 1 (3)Así llegué a la Primera estación: La terraza de la Brasserie Comptoir Voltaire,
a metros de nuestra casa.
Aquí me estremeció ver agujeros en los vidrios y en el interior del restorant.
photo 3 (1)Y me sobrecogió ver como gente dejaba algunas velitas, flores y se detenía
en el lugar donde solo hubo un muerto: un joven yihadista que se autoinmoló explotando. Hermoso gesto de humanidad…
No muy lejos la Segunda estación: 92 rue de Charone.
Lugar de fusilamiento, 19 muertos, al menos y 14 en urgencia.
Mucha gente reunida, en silencio. Cámaras, fotos, recogimiento, oraciones desde el corazón. Un niño se refriega los ojos llorosos sentado en los hombros de su papa. Quizás su tío fue una de las victimas.
photo 2 (2)Tercera estación: Bataclan.
Miles de personas rodeando el perímetro restringido para entrar.
La calle cerrada era testigo del pasar de hombres y mujeres, familias enteras queriendo ver, rezar, tocar, presenciar, decir “aquí estoy también”. Dejar una flor, una rosa roja.
No muy lejos, en realidad al frente de la Bataclan algunas velas y pocas personas fuera de un otro restorant.
Qué sucedió aquí? -preguntó alguien casi susurrando.
Uno de los que pudo escapar de la Bataclan herido, terminó por morir en la puerta de este local.
Silencio.
photo 4 (2)Cuarta estación: la terraza del Restaurante Casa Nostra.
Aquí hubo al menos 5 muertos, los agujeros de las balas marcados en los vidrios como los clavos de antaño. Flores y frases, frases y flores: “Por qué?”
Quinta estación: en la calle Bichat, la terraza de Le Petit Cambodge.
Nombre que recordaba otra masacre, aquella en Camboya. Una pequeñita Camboya en Paris, vitrina de muertos e inocentes, citación de otras masacres y brutalidades del ser humano.
Una joven parisina camina solemne con una radio en la que suena fuerte una tonada francesa sobre el amor. Nadie habla, algunos cantan casi inaudiblemente. Salmodia en el sepelio.
photo 2 (4)photo 3 (3)photo 3 (4)Sexta estación: la Catedral Notre Dame.
photo 1Nuestra Señora de Paris se prepara a cantar, a entonar una plegaria a Su Hijo y Señor. Es el momento de “Le glas“: las campanadas de obsequias, la oración por los muertos. Plegaria de campanas que solo se toca cuando muere el presidente, el Obispo de Paris o ante un evento catastrófico.
Este año “Le Glas” de Notre Dame ha sonado 3 veces: por las victimas de Charlie Hebdo; por los cristianos coptos asesinados en Lybia y ayer.
photo 5 (4)Quince minutos mirando el cielo nocturno de un Paris acallado.
Quince minutos en el cual cada campanazo era un “Libranos del Mal” y un “Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.
Sirenas y movimientos por doquier se entremezclan con la reverencia de la explanada de Notre Dame.
Quince minutos que se prolongan por toda la ciudad… enlutecida.

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