Anastasia

Poema de otra encontrado en la otra vereda al lado de la tumba vacía

Llevo años buscándote
años
y el tiempo se me ha transformado en
nada

El tiempo mi aliado
hojas secas que mece el viento
y el anhelo de un libro que fue
censurado

Anastasia mía
caminas siempre delante de mí

¿Por qué te ocultas bajo sombras urbanas
en callejones fríos mujer?

Ni sé que digo
tu nombre me desorienta.

Un DELIRIO
escarbo en basureros de otros
entro en las casas de los otros
converso cosas de otros
buscándote

Te espero en lugares de otros
y a veces
solo
a veces
creo vivir la vida de otro

Es un delirio
caminar descalzo mirando
la cordillera
pensando en ti

Te me apareces en otros rostros
que no alcanzo a diferenciar

De tiempo en tiempo
no eres tú
son otros

Y cruzo sus veredas
camino por sus laderas
nado en sus ríos
piso calles suyas plazas
entro en sus poblaciones
y beso sus labios

Creyendo escucharte
intuirte
padecerte

Y la verdad de los otros
es ahora mía

Una señora se cae de bruces a lo lejos
corro a recogerla
¿señora está bien?

Eso hago
soy el recogedor de otros

En sus escombros
hurgueteo sus campos
sus surcos terrazas cimas

Me mojo bajo sus lluvias
atravieso sus ojos amarillos
queriendo beber de tu costado abierto
chorreando eternamente sangre
sangre y agua
miel
vinagre

Y en tu vereda
me bebo tu vida

Anastasia.

(Anastasia, pag 115-117)

 

Sabrina

13437383_1757655917812882_75961999_nSabrina casi fue violada por su padre, si no fuera por que se defendió, luchó, peleó, con uñas, dientes y miedo. Tenía 14 años cuando ocurrió. Luego, durante tres años los abusos siguieron. A los 17 por fin pudo escapar de su hogar. Su madre lo supo, pese a la amenaza del padre: si hablas te mato, mato a tu madre y me mato yo. Ella, tuvo que decirle a su hija, con el dolor de su alma, que se fuera. Era la única forma de sobrevivir. Luego de un tiempo los hermanos y hermanas de Sabrina se enteraron de lo que sucedió. Nadie le creyó. Una hermana la culpaba a ella: tu lo sedujiste poh. La madre sí le creyó. Siempre. Pasó más tiempo y el padre se enfermó. Un accidente vascular lo dejó sin habla y con poca movilidad. Sabrina fue la única capaz (!) de cuidarlo y acompañarlo. Sus padres ya estaban ancianos y enfermos. Dice ella que cuando lo afeitaba su padre lloraba y lloraba. Papito no llores, si Dios ya te perdonó, le decía. Yo ya te perdoné. Y Sabrina lo cuidó hasta casi el final de sus días. Lo mismo hizo con su madre. Durante mucho tiempo cuando un hombre la tocaba, la pasaba a llevar; incluso en una micro, Sabrina se desmayaba. Hoy, su fuerza y su fe (la fuerza de su fe) la tienen de pie. Sigue soñando con una vida mejor, con su casa propia, con su libertad. Y sueña, pese a todo, que las relaciones familiares algún día llegarán a ser buenas y sanas. A la Sabrina ya no le gana nadie. Tu eres nuestra navidad.

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#NiUnaMenos

14717528_777643319043156_5641890188444565504_nQué linda eres
Antes y aún más
Después
Violada por tu padre desaparecido
Acompañabas a tu madre a tomar
Alcoholizada de niña
Conociste el sexo temprano
En la calle
Drogada
Aprendiste el arte de robar
Mucho
Te cortaste los brazos
Heridos llagados
Que algún futuro tatuaje intentaría
Ocultar
No sabes multiplicar y con dificultad
Leer el lenguaje de los relojes
Sumas restas lees un poco
Casi nunca
Estabas loca y te quitaron a tu
Hijo
Uno de quién sabe cuantos
Raquel estás viva
Sonríes con la sabiduría de una anciana
Mascullada por la vida injusta
Raquel víctima
Raquel tierna
¿Qué te ha hecho la vida joven mujer?
¿Qué te hará la vida cuando camines
Nuevamente por las calles sucias
De la ciudad que te asesinó hace tanto?
Linda por todo
Un verso en memoria de una vida extirpada
Un nombre de verdad
Un rostro real
Una mujer viva y
Presa.

(Anastasia, 2016, p. 135-136)

Dibujos: Jessen @protean1919

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Calendarios

apertura-carcel-715x374Fue breve, casi un instante. Y es que en la cárcel hay que estar despiertos. Nada de distraerse; incluso los visitantes. No fue una visita más, pues nunca lo es. Cada una puede ser el despertar de algo único. Allí, en ese instante vigilante; justo cuando el Paulo me estaba repartiendo las cartas para jugar “calle”; le preguntó –más bien increpó, a don Ale: “¿Oiga, está haciendo un calendario?” Don Ale, quien terminaba un mes completo con letra bonita, trató de disimular. Siendo imposible escapar, confesó su delito: Si.

marAhí supe que en la cárcel no hay calendarios; no hay que hacerlos; mucho menos colgarlos por ahí. Es una ley. De las de verdad. Nada de fechas ni meses. Fuera las semanas y esos días feriados que pueden ser los más terribles. En la cárcel el tiempo del calendario no vale, no existe, no interesa, no importa. Se lucha porque así sea -una lucha más. Aquí cada uno sabe, cada uno lleva la cuenta. Cuenta que es mejor muchas veces ni llevar. En la cárcel los calendarios no cuentan y si uno entra como si fuera a irse en algunos días –u horas; es mejor que no venga.

calendario

Via Crucis en Paris

Quise salir a la calle, rezar, y acercarme un poco más a las “animitas”
repartidas por Paris, a los lugares donde seres humanos
habían dado sus últimos respiros
-contra su voluntad y de manera brutal.
photo 1 (3)Así llegué a la Primera estación: La terraza de la Brasserie Comptoir Voltaire,
a metros de nuestra casa.
Aquí me estremeció ver agujeros en los vidrios y en el interior del restorant.
photo 3 (1)Y me sobrecogió ver como gente dejaba algunas velitas, flores y se detenía
en el lugar donde solo hubo un muerto: un joven yihadista que se autoinmoló explotando. Hermoso gesto de humanidad…
No muy lejos la Segunda estación: 92 rue de Charone.
Lugar de fusilamiento, 19 muertos, al menos y 14 en urgencia.
Mucha gente reunida, en silencio. Cámaras, fotos, recogimiento, oraciones desde el corazón. Un niño se refriega los ojos llorosos sentado en los hombros de su papa. Quizás su tío fue una de las victimas.
photo 2 (2)Tercera estación: Bataclan.
Miles de personas rodeando el perímetro restringido para entrar.
La calle cerrada era testigo del pasar de hombres y mujeres, familias enteras queriendo ver, rezar, tocar, presenciar, decir “aquí estoy también”. Dejar una flor, una rosa roja.
No muy lejos, en realidad al frente de la Bataclan algunas velas y pocas personas fuera de un otro restorant.
Qué sucedió aquí? -preguntó alguien casi susurrando.
Uno de los que pudo escapar de la Bataclan herido, terminó por morir en la puerta de este local.
Silencio.
photo 4 (2)Cuarta estación: la terraza del Restaurante Casa Nostra.
Aquí hubo al menos 5 muertos, los agujeros de las balas marcados en los vidrios como los clavos de antaño. Flores y frases, frases y flores: “Por qué?”
Quinta estación: en la calle Bichat, la terraza de Le Petit Cambodge.
Nombre que recordaba otra masacre, aquella en Camboya. Una pequeñita Camboya en Paris, vitrina de muertos e inocentes, citación de otras masacres y brutalidades del ser humano.
Una joven parisina camina solemne con una radio en la que suena fuerte una tonada francesa sobre el amor. Nadie habla, algunos cantan casi inaudiblemente. Salmodia en el sepelio.
photo 2 (4)photo 3 (3)photo 3 (4)Sexta estación: la Catedral Notre Dame.
photo 1Nuestra Señora de Paris se prepara a cantar, a entonar una plegaria a Su Hijo y Señor. Es el momento de “Le glas“: las campanadas de obsequias, la oración por los muertos. Plegaria de campanas que solo se toca cuando muere el presidente, el Obispo de Paris o ante un evento catastrófico.
Este año “Le Glas” de Notre Dame ha sonado 3 veces: por las victimas de Charlie Hebdo; por los cristianos coptos asesinados en Lybia y ayer.
photo 5 (4)Quince minutos mirando el cielo nocturno de un Paris acallado.
Quince minutos en el cual cada campanazo era un “Libranos del Mal” y un “Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.
Sirenas y movimientos por doquier se entremezclan con la reverencia de la explanada de Notre Dame.
Quince minutos que se prolongan por toda la ciudad… enlutecida.

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Ante el dolor del otro, una epojé de mi mismo

SWABI, PAKISTAN - JUNE 1: Pakistani children wait for hours in line for dinner at the Yar Hussain camp June 1, 2009 in Swabi, Pakistan. According to the NWFP authorities and the UN, at least 3 million internally displaced persons (IDPs) have now been registered as a result from recent fighting and on-going military operations against the Taliban.The Taliban have fled the Pakistani army's advance on the main town in the Swat Valley, according to the Pakistan military. The refugees have fled from Swat, Buner, and Lower Dir facing extremely harsh living conditions in the searing heat in overcrowded camps. (Photo by Paula Bronstein /Getty Images)
SWABI, PAKISTAN – JUNE 1, 2009

Ante el dolor, el sufrimiento y la catástrofe que sufre el otro hay múltiples reacciones. Algunas de piel, otras reflexivas, unas instintivas o reflejas, otras desconfiadas y cautelosas. Sea cual sea la reacción hay algo que nos pasa, que nos nos deja igual.
Somos afectados por aquello que afecta al otro. Sobre todo si ese otro es un inocente, un indefenso, débil, sin recursos o simplemente carente.

El mal que aqueja al hermano nos aqueja, lo queramos o no. A veces por una fracción de segundo. Segundo que puede ser una eternidad en el corazón, segundo que puede visitarnos en las noches tranquilas y en las veladas familiares llenas de sonrisas. Segundo que podrá explotar ante una opinión xenofoba o sobre reaccionar debido a una acción ajena hecha por un desconocido. Ese segundo permanecerá guardado, como un regalo que no quisimos abrir. Por miedo, por respeto, por tiempo, por lo que sea.

Lo que sucede es que ese segundo se llama compasión. Se llama rechazo ante el dolor, se llama impotencia. Ese segundo se llama y nos llama a otra cosa. Es una alerta de que no todo esta bien y que si para mi las cosas caminan para otros no y eso me concierne.

Ante el dolor del otro no caben las interrogantes suspicaces ni la autoreferencialidad cómoda. No a lugar la comparación, pues el sufrimiento no aguanta metáforas. Ante el dolor ajeno no caben reuniones, meetings, largas sesiones de discernimiento, leyes en el congreso, años de teorías y debates… El sufrimiento del otro es del orden de lo urgente. Y merece una respuesta urgente.

Ese segundo de compasión y rebeldía será fuente de vida y podrá, eventualmente -pues el mal es fuerte- revertir situaciones de sufrimiento y la muerte de las victimas de nuestra ceguera con olor a €euro.

El sufrimiento del otro nos exige ponernos entre paréntesis -eso es una epojé! Poner entre paréntesis nuestros análisis y versadas opiniones, pues la urgencia no da tregua. No cabe estar de acuerdo con la ideología, la religión, las razones, los colores y opciones del otro que sufre. Eso podrá -podrá!- venir después, cuando el sufrimiento dé lugar a la mesa de la igualdad y de la horizontalidad. Antes, en el tiempo de la urgencia, la propia epojé es necesaria para salir al encuentro y sembrar ese segundo que nos carcome el corazón aunque le echemos tierra durante toda la vida.

A la familia de todos los pequeños Aylan Kurdi de hoy

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