¿Un Frente sin fe?

 

Desde hace un tiempo me ha hecho pensar la distinguida vocación política de muchos y muchas jóvenes hoy en nuestro país. Como los fenómenos pendulares pasamos de un rotundo “no estar ni ahí” a una “sed de militancia”, cosa por lo demás interesante y loable, si hay una auténtica vocación de servicio. Lo que en general no dudo. Al mismo tiempo percibo como muchos de esos jóvenes fueron (y son) “militantes de la Iglesia”. Jóvenes comprometidos en sus pastorales, entregando su tiempo y luchando, desde el Evangelio, por un Chile más justo y fraterno. Jóvenes voluntarios y misioneros, full time con niños y ancianos; jóvenes que desde el silencio transformaban el mundo en lo cotidiano. De eso he sido testigo tantas veces. Me atrevo a afirmar que varios pudiendo haber escogido una vocación religiosa, acogieron el llamado de Dios desde la ciudadanía y el servicio público, desde la militancia política y nuevas fuerzas que nacen y se hacen desde las bases jóvenes de Chile. Mi pregunta es qué ocurre con la fe de esos jóvenes cuando se encuentran dentro de las lides partidistas de tal o cual movimiento. ¿Doy testimonio ahí? ¿Me callo y lo vivo como algo personal, como un móvil interior que no moleste o incomode? ¿Me lo guardo para no ser criticado o albo de risas y burlas? ¿Saldría a la marcha con mi pancarta evangélica junto a la bandera verde que elevo con tanta vehemencia? ¿Hablo de Jesús, en cuanto modelo de humanidad y testimonio de entrega; entre teorías de izquierda y socialismos 2.0? ¿Acaso las Bienaventuranzas y la magnífica identificación teológica de Mateo 25 son puro verso para ser nombradas en asambleas ideológicas y congresos de futuro? ¿Acaso no es el alma lo que mueve la praxis? Me cuesta pensar que sea posible callar la fe (o erradicarla) de nuestros jóvenes cristianos insertos y moviendo las nuevas políticas chilenas. Creo que no se puede, como no se puede callar el amor frente al dolor. Un Frente, una Alianza, una Nueva Democracia sin fe, o sin acoger la fe de tantos y tantas que están hoy allí –en esa res publica– entregando sus fuerzas, tiempo y conocimiento, será semilla de una nación sin alma, más preocupada de la censura de Dios que del hambre de los pobres. Y repetiremos la historia.

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