Advienes

Busco páginas en blanco
para escribirte, para amarte
te escribo por amor y te amo escribiéndote,
Señor
Ya vienes! Y vienes denuevo
vienes a darnos vuelta
desde dentro, desde el corazón del mundo
desde la médula de los empobrecidos
Vienes!
Vienes a buscarnos y vienes a quedarte
Vienes a decirnos que dejemos de lado las páginas blancas
que nos transformemos en pesebres vivos
que nos olvidemos de ese mezquino deseo de pisotear al vecino
que no nos olvidemos del otro, de la otra, del forastero
Ven, ven a nuestros hogares
a nuestros castillos
a nuestros dicasterios y ministerios
Vuelve a destruir los recantos herodianos
Vuelve al Belén de aquí del Sur
Al Belén amante al Belén sufrido
Ven a nuestra América india América negra
América Latina tierra de gritos y ferias
de riñas y fiestas de asados y encuentros
de cantos y errores
nuestra América tan llena de sueños y utopías
tan lejana de esa ortodoxia alemana
de esos perfectivismos nórdicos                                                       Visita nuestras miserias nuestras fisuras nuestros escondites

Visita-nos
Ven y vienes Bendito extranjero, Dios escondido
Cristo otro que en tu otredad te amemos
y vayamos a buscar esa página en blanco en donde TU
antes que todos nos has escrito un beso.

Pampas de Reque, principal botadero de basura de la ciudad de Chiclayo.
Reque’s explanade. Main garbage dump in Chiclayo city.
FOTO Antonio Escalante
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Canto de Adviento

                                                                         Del profeta

Ya se acerca ya
El Inesperado de la Historia
Aquel que trae la promesa que la anuncia que la vive que la entrega
Levántense las naciones aplastadas
Y los pueblos humillados
Carguen nuevamente sonrientes sus gavillas de abrazos
Sus tertulias gloriosas de ritmos libertarios
Miren sin vergüenza a los que antaño los pisotearon sin respeto
A ud se le dirá señor Trump
A ud se le mostrará mister Kim Jong Un
Y a ud también dueño del papel
A ud tirano a ud idólatra a ud indiferente
A ud que maquinó guerras y engaños
A ud que violó las tierras del Wallmapu
Y las humanas esperanzas árabes
Miren y arrepiéntanse que ahora se puede
Que aún se espera
Porque el que Viene es amoroso
Y misericordioso
Ante todo mira con ternura y dialoga con compasión
No persistan es su egoísmo tan lleno de siglas
Así mismo señor CONAF
Señora ONU descarada
Amigo FMI y su BM
Tío SENAME tía puntoGOB
Hermana FIFA y todas las especulaciones financieras sinsentido
Sinleguaje sincorazón
Canten en gozo! Estallen de júbilo!
Bosques talados y mares contaminados
Glaciares hundidos y la Africa olvidada y manipulada.
A ustedes viene el Inesperado
Un mensaje otro les trae el Amante
El abrazador de árboles
El Antirey humillado
Cuánta alegría en el mundo!

Cuánta maravilla en las cocinas de la Amerindia y los povoados del Sur!
Ya no hay más que esperar
El final es el inicio
Y lo que se escribió al comienzo aparece en la conclusión inconclusa
Bendita incompletud que se abre
Al que nada le falta
Y ahí estamos nosotros los soñadores
Los que no nos rendimos ante la adulta sensatez del columnista
Delante de la falsa lucidez del Nuncio
Frente a la oscura intención del político exguerrillero
Es el Adviento de la Carne
El Evento de la criatura libre que pide permiso perdón y agradecido se dona a las lágrimas del trans
Del forastero
Del preso insistente
Del temeroso que huye y huye y huye
Huidizos y huidizas
A levantar cabeza que hoy nadie muere
A reencontrar la niña de los asombros
Y organizar como un cuento nuevo
Los escombros del neoliberalismo capital
Los muros de la democracia manoseada
Los barrancos del Estado militar
Las heridas del abuso

La Luz ha llegado

Los silencios cómplices empapados de sed de poder de status de vanagloria
Ya no tienen lugar
No tienen nada
Silencios vacíos que solo sirvieron para vivir vidas tristes y falsas
Vidas dañadas que dañaban
Y ahora se ha acercado el Sanador
Aquel que venda que cura que cuida
Vengan a El los confundidos
Los que no duermen
Los empesadillados
Los especuladores
Los de paraisos fiscales y cuentas truchas
Los comentaristas de redes sociales y
Francotiradores de corbata
Uds ahora tienen su chance
Abracen al Abrazador
Y bañados de nuevo humíllense ante los pobres
Y golpeados
Las raíces vuelven a crecer y no podrán cortarlas ni con sus máquinas ni tecnologías de logos frutales
Te recibimos cantando gozosos en fiesta
Oh Señor Señora de la Promesa.

Un Papa del otro lado

Tal vez como hace siglos que no éramos testigos de una animadversión tan explícita y pública al Papa. Lo que sucede es que el Papa está parado en otro lado. Con sus aciertos y errores, con sus equívocos y humanas pretensiones, el Papa Francisco esta parado en el lado de los pobres y excluidos; en un lado en donde la Iglesia ha sentido mucho y pensado poco. Un lado desde el cual, en Europa y el Norte Mundial, el Obispo de Roma y cabeza de la Iglesia se vuelve incomprensible. Cuando se está al lado y del lado de los pobres y excluidos es la misma institución y sus leyes las que pasan a segundo plano, se sitúan en su lugar propio: un después epistemológico y jurídico. Un luego que tan solo por ser un luego cuestiona cimientos de poder y argumentos de tradición. Francisco, repito, con sus errores –y algunos bien tristes- representa otra forma de ser Iglesia, una manera distinta de pensarse, sentirse y desvivirse desde el Evangelio: la manera de aquel que sufre, de la persona que tiene puesta su esperanza última en Dios, pues el mundo, los otros y sus instituciones se las han negado siempre. En ese lugar la fe adquiere todo su sentido y fuerza. Es justamente allí donde se “desborda”, donde se hace “sobreabundante” y deja ser caridad, generosidad y buena voluntad. Es allí en donde el mandato de Jesús “Haz tu lo mismo” se encarna y trasforma en ética, en política, en ecclesia. El Papa, en estos tiempos globales y en donde la hegemonía eurocéntrica sigue queriendo imponerse, habla desde el Sur. El Sur es una categoría geográfica, pero también mental –espiritual-, social, política y eclesial. El Papa es del Sur, viene desde el Sur, está parado en el Sur. En el inicio se le criticaba “no ser un intelectual” –como si solo en el Norte se pensara; “no ser un gran teólogo”, como si la teología se hiciera solo en las aulas del Norte y sus reductos nortepensantes del Sur. Se decía “habla como párroco”, intentando comprender un ethos folclórico –a los ojos del Norte- que irrumpía en Roma con modismos y gestos propios de quien se para al otro lado e (im)propios para sacrosantos lugares de la Europa extraviada y en decadencia. Francisco desde allí les habla a todos; de la mano de los sencillos, de los sintecho, sintierra y sintrabajo les habla a todos. Por eso su marca ha sido la ternura y la misericordia. Pues quien habla abrazando al pobre herido solo puede acercarse al indiferente, al cómplice y al individualista desde la misericordia. Este es el Francisco que nos viene a visitar. Un Papa atacado desde dentro –con libros y públicas intervenciones de sus propios Obispos y hermanos en la fe (y ojo con caer, sin espíritu crítico, en esa estrategia maligna). Un Papa que como nunca en la historia reciente está mirando más allá que muchos: laicos, teólogos, agentes pastorales, vaticanistas, religiosos/as, curas y obispos. Un Papa que sueña, que anima, que impulsa, que mueve, que empuja y sobretodo que ama. El Papa no es Dios, no es Jesús ni un santo en vida; es solo un servidor; un hombre orante y discípulo de Jesucristo, un obrero de la Comunidad-Iglesia, un misionero de la misericordia. Un obispo. Y como tal habría que agregarle el apellido “del Sur”. Francisco del Sur eclesial, del Sur social, del Sur de la historia, del Sur cultural –con sus sabores, su chispa, su entrada y su sospecha. A ese hombre lo acogemos con cariño y alegría para que vuelva a recordar a la conciencia cristiana (y ojalá no creyente también) de los Chiles de hoy que el pobre urge, que la tierra llora y que las relaciones humanas pueden y deben ser cordiales, abiertas, tolerantes, amables, alegres, pacíficas y justas.

Un canto a tres voces

Memoria Visual de Legua Emergencia, vida y oficio de Mario Alarcón. Paulo Álvarez Bravo.
Presentación.

Nos enfrentamos a un hermoso canto a tres voces, tres voces que se entrelazan en este trabajo serio, artístico y político sobre la memoria. Paulo mira a Mario y Mario mira la Legua Emergencia. Mientras ambos amigos y vecinos la habitan, la sufren, la sueñan. La Legua y Juegos Infantiles, pequeña calle de la población, pequeño espacio en donde transcurre un tiempo precioso para quienes se conversan sin más. Allí en ese espacio Mario y Paulo realizan el urgente ejercicio de la memoria. Repasan juntos la historia de uno que suscita las historias del otro. Paulo quiere mirar por el lente de Mario, Mario abre sus negativos y juntos redescubren la emergencia en que la Legua ha vivido y sigue viviendo.
El ejercicio de memoria visual que Paulo nos regala ha suscitado en mi algunas consideraciones sobre la memoria, su vitalidad y urgencia. Es un libro que dice mucho, que afirma la fuerza de los detalles y en como ahí se nos juega la vida, de qué manera los pobres viven y sobre viven en la inestabilidad de todo, como si el suelo familiar, habitacional, educacional, de la salud, los sueños y las verdaderas posibilidades estuviera siempre coqueteando entre el quedarse y el perderse, entre el afirmarse y el ser arrebatado. Vida y oficio de Mario Alarcón es un libro en claroscuro, como su vida misma, como las casitas de Legua Emergencia. Allí hay luz –y color diría un universitario optimista, pero la vida no se teje solo desde nuestras luces, sino mucho más desde nuestras oscuridades, sombras, contradicciones, luchas y fracasos. “Son nuestras transgresiones las que serán salvadas”, decía un teólogo brasilero. Es nuestra oscuridad la que será transfigurada, haciéndose luz, manifestación, fainos. Más que fotografías, Mario nos regala una Leguafania, una nueva muestra de eso que no se ve. De eso que ha dejado de ser, de eso que no se deja ver y, desde mi punto de vista uno de los méritos de la memoria, de aquello que nunca llego a ser.
La infancia en el libro es fundamental; son los niños los dueños de la calle y gran parte de la muestra está atravesada por la callecita Juegos Infantiles. Son los niños descalzos, los niños del vecino, los niños sin padres, los niños y niñas que no saben que la vida no es solo así y no tiene porqué serlo. Esa pregunta vendrá después y para más de alguno la dictadura cívico-militar le habrá arrebatado la respuesta. Los niños no cabían en Emergencia –dice el autor. Familias numerosas en donde los niños entraban y salían, comían en diversas mesas y dormían en camas prestadas con otros. Esos niños, pese y contra todo, mantenían viva una esperanza común, una alegría compartida que décadas después el narcotráfico y la intervención policial llegarían a opacar y ensombrecer, como para ahuyentar las dudas respecto a ese claroscuro de la cotidianidad legüina.

¿Qué hizo distinta la vida de Mario? A sabiendas de que cada vida es única y, desde ella, hermosa; en Mario aparece algo que lo tiñe todo: su oficio, y como dice el subtítulo, inseparable de su vida. La fotografía y su lente: Iris. Su vida y su arte, su amor, la compañera de sus días y la otra compañera, esa cámara por la cual Mario fue haciéndose de la realidad, apropiándosela y transformándola en ese cuarto oscuro en donde todo desaparecía y volvía a aparecer de otro modo. Mario encontró un arte y lo hizo realización, pasión, trabajo, oficio. Quizás eso todos debiéramos encontrar, eso que llamamos vocación. Aquello por lo que la vida se llena de sentido y permite sobrepasar escollos, penurias, miserias. Aquello que detiene el tiempo. Pues la memoria y el arte se entrecruzan suscitando aquello que no llego a ser en el presente, pero que la vida nos impulsa a darle una segunda oportunidad. Si la memoria busca traer aquello arrebatado por la historia, el arte se torna una de las plataformas para que tome cuerpo, espacio y presente, voz y latido, rostro y conquista.
Paulo afirma (pag 32) que el enemigo de la memoria no es el olvido, sino la memoria despolitizada, instrumentalizada, manoseada, hipócritamente construida. Y tiene toda la razón. Valdría agregar, como dice un historiador de la memoria judía, Josef Yerushalmi, que lo contrario de la memoria es la injusticia, pues recordar es un acto de justicia. Olvidar es un acto de injusticia respecto al mal y los sufrimientos en la historia de los pueblos y en las historias personales, como la de Mario e historias colectivas, como las de Legua Emergencia. Una sociedad del olvido corresponde a una construcción injusta que no toma en cuenta, suficientemente, el mal y la negatividad del mundo ni la muerte de inocentes, ni el sufrimiento siempre terrible de las víctimas de la historia. La fotografía de Mario, en Legua Emergencia y el libro –una segunda fotografía y un trabajo de memoria, de Paulo Álvarez, constituye, en este sentido; un acto de justicia; una búsqueda por hacer justicia a un grupo humano marginalizado, empobrecido, violentado y atemorizado. Un esfuerzo por contribuir en aquella lucha llamada justicia. Y todo ello, desde la vida sencilla de un fotógrafo de población marginal.
Así, la memoria es una manera de comprender la realidad doliente, una hermenéutica que nos permite hacer visible aquello que de otra forma permanecería invisible. Sin un adecuado trabajo de la memoria de las injusticias no habrá justicia posible –afirma, también, Yerushalmi.
Nuestras sociedades numéricas y del olvido, sin narrativas, sin testimonios; pierden la riqueza de una vida vivida y sufrida en la carne concreta del narrador. Dicho de otro modo, sin la memoria, tanto la sociedad, como la política y la religión; no alcanzan a vislumbrar, percibir, dejarse tocar y transformar por lo más propio de la vida humana. Allí radica la fuerza del testimonio, en cuanto ejercicio de memoria de una vida padecida. Hacer memoria del sufrimiento, del dolor, de las injusticias es siempre un peligro para el orden establecido, la memoria es peligrosa, en el decir del teólogo alemán Metz, pues cuestiona los cimientos de instituciones, relaciones, maneras, leyes y prácticas normalizadas que continúan reproduciendo injusticias y seres humanos-desechos, arrojados a las periferias sin importarle mucho a nadie.
Metz lee la bienaventuranza felices los que lloran (Mt 5, 5) desde la perspectiva del deber de memoria: aquellos que lloran son los que hacen memoria de los desaparecidos, son los que no olvidan a los ausentes y sufrientes. Así, establece una hermosa y profunda aproximación entre el deber de memoria, la compasión y el “don de lágrimas”. Cuantas fotografías de Mario habrán provocado en él un llanto.
Vida y oficio es un testimonio visual, que a contracorriente de la pornografía y del voyerismo fotográfico actual, suscita en nosotros memorias. Todos somos un cumulo de memorias; cada individuo posee una multiplicidad de memorias (colectivas e individuales, pretéritas y recientes, adquiridas y vivenciadas), las que se superponen y oponen entre ellas. Estas memorias se constituyen en trazos inscritos en lo íntimo de la persona. Se trata de memorias que poseen una dimensión pública en la medida en que condicionan y conforman el imaginario común de la sociedad contemporánea. De alguna manera, somos lo que recordamos. Y también lo que no queremos recordar.
En una nota al pie (n3), Álvarez dice: “la pobreza nunca ha escandalizado demasiado, a no ser como fetiche”, haciendo alusión a fotografías de Sergio Larraín de niños en condición de calle que el padre Hurtado atendía. Nuestro país se ha construido de esa forma: sin escandalizarse demasiado por la pobreza; pobreza que según Herman Cohen, filósofo alemán de fines del siglo XIX, principios del XX, es el verdadero mal de la humanidad. “El verdadero problema del mal es el sufrimiento que causa el hombre… Los profetas y los salmos tienen el convencimiento social de que la pobreza representa el mayor sufrimiento del género humano… que la pobreza y no la muerte constituyen el auténtico enigma de la vida humana”. Una sociedad que ha crecido de espaldas a los pobres, silenciando su pobreza, transformándola en marketing solidario y generando pobretologos de clase alta, es una sociedad hipócrita, inconsciente de su propio mal y con muy pocas posibilidades de revertirlo. Legua Emergencia y muchos otros rincones claroscuros de nuestras tierras; urbanos y campesinos, de montaña y de costa; viven la extrema precariedad sin ninguna posibilidad de transformar su destino ni el de sus hijos.
Mientras escribo estas líneas y pienso en la suerte de Mario Alarcón, me llegan mensajes del Pipe, amigo que hace un par de meses salió de la cárcel de Rio Bueno para volver a algo como una vida en Concepción. Una vida angustiada por la imposible inserción en la sociedad, sin trabajo, sin dinero, apaliado por un golpiza, intentando rescatar a su hijo arrebatado por el Sename. Pipe solo se saca selfies junto a su hijito mayor acostado en la cama del cuarto que con su compañera arriendan y deben hace meses. Sus fotos son en colores y filtradas para resaltar los colores que no encuentra en ningún lugar de su vida. El Pipe vive esa doble o triple pobreza de hoy, esa que ni para fetiche alcanza, tal vez para programa policial tipo Chilevisión. La pobreza debe no solo escandalizarnos, sino dolernos, asquearnos. Si no brota un sentimiento encarnado de compasión ante la vida del Pipe, las fotos de Mario y el libro de Paulo habrán sido en vano.

Lo que parece nadie darse cuenta, salvo la cuarta voz invitada al canto, el lector; es que aquel lente tiene nombre: Iris Rivas. Iris, en su significado es “aquella que viene a anunciar”. En el ojo el iris tiene la función de “controlar la cantidad de luz que penetra en él”. El iris de Mario fue su compañera, Iris Rivas Rivas, aquella que le anunció una vida de entrega, que le enseñó de cuidado y compasión, de esfuerzo y tenacidad; ella a quien amó los 49 años que estuvieron juntos y de los cuales solo 4 pudieron caminar por la calle Juegos Infantiles de su población Legua Emergencia.

Pilmaikén y el monstruo humano

¿Quién firma esos permisos? ¿Qué institución en qué escritorio autoriza tales aberraciones? No nos engañemos con ese ambicioso y ambiguo “capitalismo verde”, un monstruo destructor disfrazado de nutrasweet. Cuesta entender cómo no duele el corazón al ver valles secos, ríos contaminados, glaciares destruidos, especies animales extintas, bosques talados, prados llenos de retroescavadoras y máquinas del desarrollo. Verdadero camino de muerte. ¿Quiénes están detrás de esto? ¿Qué es lo que realmente buscan? Intento salvarles la proposición –¡pero si estamos en democracia caballero!-, pero me resulta imposible. El caso del río Pilmaikén no es más que uno entre cientos de nuestro querido Chile que se lo van comiendo de a poco. Primero una empresa chilena, luego una noruega (reconocida por su “conciencia verde”), primero una hidroléctrica de paso (Rucatayo), luego otra (Pilmaiquén-Puyehue); en proceso de ejecución dos más. Sí señor, nada de fantasía. Entre a googlemaps y busque Pilmaiquén, Río Bueno, región de los ríos. Le aplica la visión satelital y se deleita. Se ve todo tan lindo desde allá arriba. El proyecto busca canalizar casi todo el río, y como consecuencia -triste precio a pagar- inundar predios (entre ellos tierras mapuche sagradas), modificar el ambiente, dañar la biodiversidad (esto es gritado por científicos). ¡¿Para qué?! Ah obvio, para la ecuación: más energía, más empleos, más desarrollo, más felicidad (aquí me callo). Ecuación mentirosa, errónea, tendiente a cero. Cero alegría, cero belleza, cero empleo, cero naturaleza, cero cero cero. Lamentablemente parece que Chile funciona así. Los imagino en fastuosas comidas haciendo negocios: te cedo las 1000 hectáreas para tu parque, pon dentro la hidroeléctrica, véndele los arboles a los gringos, haremos una corrida merrell, consígueme votos, aumenta la seguridad de la zona; tranquilo son puros campesinos pobres y viejos, está lleno de mapuches. Un amigo hizo una cancha de golf, ¡imagínate! Políticos y empresarios, encamados en el dinero y la seguridad para sus familias (qué virtud preciada que todo lo justifica).
¿Y el río y las orillas (¡tomadas!) y la maravilla de la creación?…todo ello cambiando, llorando, gimiendo. Nos va a pasar la cuenta. ¿Por qué no sinceran sus deseos y los votamos? ¿No funciona así la cosa? ¿Para qué se mienten y nos mienten sobre su fe? ¿Han leído la encíclica del papa Francisco sobre la Casa Común? No saben nada.
Se nos habla de ecología integral, del Buen Vivir, del Küme Mongen y parece que nada nos remece. Somos como muertos en vida, no hacemos nada. Unos se levantan y luchan, ¡bendito sean! Otros cansados de tanta compra y deuda y deuda y compra, ya no tienen ni fuerzas para gritar. Solo quieren morir en paz. Pues bien, vea ud que no habrá paz cuando no haya tierra, no habrá paz cuando no tengamos agua -¡Agua!- ya no habrá sonrisa ni niños explorando ni felicidad. Déjeme decirle que la lucha es contra una idea. Ya lo decían que no hay nada más difícil que extirpar una idea. Una idea que nos está asfixiando de a poco. Una idea que lamentablemente abarca un gran campo humano. Pues es una idea del hombre, de la vida en común, del mundo y en definitiva de dios. Esa idea tiene muchos nombres -estrategia barata del ideólogo- idea que llamamos competencia, ley del más fuerte, desarrollo, Estado estractivista, progreso, futuro, prosperidad. Disfrazando así intereses mezquinos de pocos. Decisiones de pocos. Pero claro, quien respira bajo esa idea esto no lo ve. Sólo ve sus logros, sus castillos, sus empresas vikingas y heroicas. Ven oportunidad, ven astucia, ven esperticie. Pobres ciegos que no comprenden la amplitud de su avaricia, la catástrofe de sus metas.
Si se me permite una alusión al Crucificado, pues estamos hablando de comunidades crucificadas, de una tierra herida, de pueblos sufrientes; déjeme decirle que la muerte de Jesús no fue en vano, sino para recordarnos una y mil veces “que no todo está permitido en el mundo”.

(Columna publicada en The Clinic, jueves 10 de agosto, 2017; Chile)

¿Se puede ser católico y millonario?

Nos enfrentamos a una pregunta incómoda y compleja de responder. Incómoda, porque de hecho hay muchos –o muchísimos- católicos millonarios (o millonarios católicos). Y compleja por dos razones, primero porque habría que entrar a definir “millonario” y desarrollar una especie de “camino a esa categoría”, en el sentido de que las riquezas se pueden haber heredado o haber sido el fruto de años o décadas de trabajo familiar u otros canales. Y, segundo, porque también de hecho, las riquezas seducen, hipnotizan, atraen. Hay algo en ellas vinculado al poder, a las posibilidades, a los sueños; a tantas cosas asociadas que sería iluso pensar que alguien no quisiera en su vida poseer una riqueza gigantesca. Dicho eso nos aventuramos a una posible respuesta, que como intuirán es más bien negativa. No se puede ser católico y millonario. Aquí no hay un juicio, mucho menos sobre la persona concreta. Alguien que posee grandes cantidades de bienes puede ser muy bondadoso, generoso, desprendido, muy amigo de sus amigos, dadivoso –incluso desde el anonimato-. Todo ello es loable y da chispazos de esperanza. Son testimonio de que no está “todo dicho”. Sin embargo, hay dos cosas que tomar en serio: la aseveración de Jesús de Nazaret (padre del cristianismo, y del catolicismo, si se quiere) y el contexto. Vamos a ello.


La afirmación de Jesús en Mateo 6, 24 (y en Lucas 16, 13; calcadas; lo que nos hace pensar que viene de una fuente anterior (Q) o de algún dicho de Jesús que habría calado hondo en sus primeros auditores) es tajante: no se puede servir a dos señores. “No se puede estar al servicio de Dios y del dinero”. Podríamos embarcarnos en la discusión si el millonario católico es realmente esclavo o sirviente de sus riquezas, pero eso es un callejón sin salida que quedará como una interrogante para el propio millonario, y serán sus actos concretos el testimonio veraz de su respuesta. Lo que es claro es que ambas cosas no andan de la mano. Quien tiene desea más y si puede lograrlo probablemente lo hará. El discipulado de Jesús tiene más que ver con lo pequeño, con lo sencillo, con el abandono, con el compartir(se), con la solidaridad (ni asistencialismos ni paternalismos ni padrinazgos). Ser católico es seguir a un hombre pobre y campesino llamado Jesús, es vivir y encontrar allí la plena felicidad en el amor de una vida compartida, entregada, donada por los demás y para los demás. La sobreabundancia de riquezas no van de la mano a una vida sencilla, evangélicamente pobre, humilde; grandes extensiones de tierras, fundos, haciendas, automóviles de última generación, lo mejor de la tecnología, yates, viajes por doquier en los mejores hoteles…. No van de la mano a una autentica vida cristiana. En algún momento el (o la) millonario católico deberá optar, hacerse cargo del mandato de su Señor, responderle al Maestro: ¿Qué has amado? ¿Qué has defendido? ¿Para qué te has desvivido? ¿Por quienes? Y con una mano en el corazón, mirando a su Dios, deberá responder.


Luego, el contexto actual. Muchas veces he pensado, mirando las riquezas del millonario católico, cómo no hacerse cargo de la miseria de nuestro país. Cómo no preocuparse –¡de verdad!- por la salud paupérrima de tantos, cómo no construir la anhelada escuela, reparar las viviendas de emergencia en la que viven miles en Chile; cómo no darse cuenta de las posibilidades de transformar tantas realidades; cómo no becar a miles de jóvenes porque sí, cómo no pensar -¡de verdad!- en mecanismos de inclusión social, en políticas (economías) de justicia social; cómo no comprarle esos remedios impagables a la joven enferma de cáncer, cómo no hacerse cargo de la miseria de tantos adultos mayores en Chile, cómo no soñar. No se trata de discutir políticas sociales o el rol de Estado; o qué beneficios a largo plazo pueden tener acciones concretas como las nombradas. No hablamos de teoría política o económica; hablamos de ojos que no ven, de corazones que no sienten; hablamos de miles de posibilidades no realizadas. Pareciera que muchos lo piensan, pero el bolsillo y las cientos de justificaciones (familiares, largoplacistas, porsiacacistas…) son más fuertes. Y la realidad sigue parcialmente igual, el contexto se impone: los vecinos siguen haciendo lo imposible por reconstruir la pequeña vivienda que el incendio se llevó, mientras Ud., hermano católico millonario descansa en las cumbres andinas. ¿Qué dejar?, ¿Qué hacer?, ¿Qué no hacer? ¿Qué priorizar? Eso lo verá cada uno. Yo me contento con que no pase por el mundo (¡y la Iglesia!) sin mirar al Chile real en el que le tocó nacer, vivir, estudiar, descansar, trabajar… ese que está a las orillas de la Costanera Norte, ese que siente en las capillitas del sur turístico, ese que Chilevisión ataca criminalizando, ese que hace años espera su hora en el hospital, a ese que aun luchando (y sacándose la cresta trabajando) le han arrebatado sus sueños. Ser católico es saber mirar, y mirando llenarse de compasión, y sintiendo ese malestar en sus entrañas: actuar. Do it.

God Bless AmeriKa

La asamblea estaba fuera de sí, nadie podía creer lo que mister president acababa de decir, de ejecutar. Ejecutador de locuras sinrazón, gritaban algunos. Energúmeno, desaforados se tiraban al suelo. Sonaba el twitter sin parar, la música estridente de fondo tipo serie gringa de Netflix contestataria. Y nada que ver. Ya estaba todo consumado. Sigan con sus máscaras de hackers; buena. Por ahí va la cosa, dijo un cura. Aunque la gente pierda la fe y el Cristo de Saramago siga de pie con los ojos tapados por misericordia, por empatía. Amerika lo hizo again y es que esa nación mesiánica se ha escogido a sus propios productos madeinusa cada uno más freak que otro y hasta Underwood se salva si la cosa es así. No puede ser verdad, gritaban los estudiantes en la plaza. Y solo el eco de sus palabras rebeldes se oía a lo lejos rebotando de edificio en edificio. Todos vacíos esos predios neoliberales. Putrefactos en la era digital. Quién necesita un edificio, quién quiere una plaza si estamos todos enchufados. Época sin salida, época sin salida. (Aparente). Reúnan al escuadrón Verde de una vez por todas, cada uno tome su flor, ármese de semillas y a tirarle, a bañarlo de lluvia y que entienda que la cebolla que acaba de pelar no creció en un pinche lab hightek; suelten a los perros de Snowden; esos que dan miedo de verdad. Lo demás parece un juego de niños, que sus guerras, que sus armas, que sus tiroteos estudiantiles y el mundo que se quema de a poco. Se apaga. Se consume. ¡Compre compre! Dos veces lo mismo, promociones de todo y vendemos seres humanos por aquí por La Polar y los negocios de multimillonarios debajo de las piedras y sobre los aviones esos que queman cuanto se les cruza por los aires. Dios se toma la cabeza, ensombrecido. Make Amérika great again, dice en mal inglés el joven mesié presidon de la Republik.

La violencia aumenta mucho más rápido que la Adimark y sus porcentajes celestiales. Ya buena, la política va súper bien y los partidos son algo importante, de verdad. Pobrecita desesperada por que alguno le crea. Si allá mi papá igual sigue sin laburo. Repitepite la profe en la sala y yo conectado a mi celu no estoy ni ahí si lo único que quiero es salir en mi bici y tirarme esa bajada en el longboard del Juanucho. Mañana es viernes y se me viene el recital de HipHop, parece que los locos son negros, son secos; de la vieja escuela. Y yo ahí me libero, ahí salto y canto y bailo y me muero. Nos morimos de a poco, pa que apurarlo. Lo de a poco es toda la gracia y Trump firma el decreto y se sale de la cancha. Sabía que en el partido no había árbitro y los 500 años de patadas iban a pasar piola. Se rajó el mandamás. Pero no. La humanidad morena también creció y el corazón se le agrandó. Nada de tres pulmones. Tres corazones, como el café brazuka. Tres abrazos, tres amores, tres vidas, tres hijos, tres volcanes, tres tierras. No, una nomas y si te metí con ella, te metí con todos.

(publicado en The Clinic, n700; jueves 8 de junio, 2017)