Advienes

Busco páginas en blanco
para escribirte, para amarte
te escribo por amor y te amo escribiéndote,
Señor
Ya vienes! Y vienes denuevo
vienes a darnos vuelta
desde dentro, desde el corazón del mundo
desde la médula de los empobrecidos
Vienes!
Vienes a buscarnos y vienes a quedarte
Vienes a decirnos que dejemos de lado las páginas blancas
que nos transformemos en pesebres vivos
que nos olvidemos de ese mezquino deseo de pisotear al vecino
que no nos olvidemos del otro, de la otra, del forastero
Ven, ven a nuestros hogares
a nuestros castillos
a nuestros dicasterios y ministerios
Vuelve a destruir los recantos herodianos
Vuelve al Belén de aquí del Sur
Al Belén amante al Belén sufrido
Ven a nuestra América india América negra
América Latina tierra de gritos y ferias
de riñas y fiestas de asados y encuentros
de cantos y errores
nuestra América tan llena de sueños y utopías
tan lejana de esa ortodoxia alemana
de esos perfectivismos nórdicos                                                       Visita nuestras miserias nuestras fisuras nuestros escondites

Visita-nos
Ven y vienes Bendito extranjero, Dios escondido
Cristo otro que en tu otredad te amemos
y vayamos a buscar esa página en blanco en donde TU
antes que todos nos has escrito un beso.

Pampas de Reque, principal botadero de basura de la ciudad de Chiclayo.
Reque’s explanade. Main garbage dump in Chiclayo city.
FOTO Antonio Escalante
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Canto de Adviento

                                                                         Del profeta

Ya se acerca ya
El Inesperado de la Historia
Aquel que trae la promesa que la anuncia que la vive que la entrega
Levántense las naciones aplastadas
Y los pueblos humillados
Carguen nuevamente sonrientes sus gavillas de abrazos
Sus tertulias gloriosas de ritmos libertarios
Miren sin vergüenza a los que antaño los pisotearon sin respeto
A ud se le dirá señor Trump
A ud se le mostrará mister Kim Jong Un
Y a ud también dueño del papel
A ud tirano a ud idólatra a ud indiferente
A ud que maquinó guerras y engaños
A ud que violó las tierras del Wallmapu
Y las humanas esperanzas árabes
Miren y arrepiéntanse que ahora se puede
Que aún se espera
Porque el que Viene es amoroso
Y misericordioso
Ante todo mira con ternura y dialoga con compasión
No persistan es su egoísmo tan lleno de siglas
Así mismo señor CONAF
Señora ONU descarada
Amigo FMI y su BM
Tío SENAME tía puntoGOB
Hermana FIFA y todas las especulaciones financieras sinsentido
Sinleguaje sincorazón
Canten en gozo! Estallen de júbilo!
Bosques talados y mares contaminados
Glaciares hundidos y la Africa olvidada y manipulada.
A ustedes viene el Inesperado
Un mensaje otro les trae el Amante
El abrazador de árboles
El Antirey humillado
Cuánta alegría en el mundo!

Cuánta maravilla en las cocinas de la Amerindia y los povoados del Sur!
Ya no hay más que esperar
El final es el inicio
Y lo que se escribió al comienzo aparece en la conclusión inconclusa
Bendita incompletud que se abre
Al que nada le falta
Y ahí estamos nosotros los soñadores
Los que no nos rendimos ante la adulta sensatez del columnista
Delante de la falsa lucidez del Nuncio
Frente a la oscura intención del político exguerrillero
Es el Adviento de la Carne
El Evento de la criatura libre que pide permiso perdón y agradecido se dona a las lágrimas del trans
Del forastero
Del preso insistente
Del temeroso que huye y huye y huye
Huidizos y huidizas
A levantar cabeza que hoy nadie muere
A reencontrar la niña de los asombros
Y organizar como un cuento nuevo
Los escombros del neoliberalismo capital
Los muros de la democracia manoseada
Los barrancos del Estado militar
Las heridas del abuso

La Luz ha llegado

Los silencios cómplices empapados de sed de poder de status de vanagloria
Ya no tienen lugar
No tienen nada
Silencios vacíos que solo sirvieron para vivir vidas tristes y falsas
Vidas dañadas que dañaban
Y ahora se ha acercado el Sanador
Aquel que venda que cura que cuida
Vengan a El los confundidos
Los que no duermen
Los empesadillados
Los especuladores
Los de paraisos fiscales y cuentas truchas
Los comentaristas de redes sociales y
Francotiradores de corbata
Uds ahora tienen su chance
Abracen al Abrazador
Y bañados de nuevo humíllense ante los pobres
Y golpeados
Las raíces vuelven a crecer y no podrán cortarlas ni con sus máquinas ni tecnologías de logos frutales
Te recibimos cantando gozosos en fiesta
Oh Señor Señora de la Promesa.

Un Papa del otro lado

Tal vez como hace siglos que no éramos testigos de una animadversión tan explícita y pública al Papa. Lo que sucede es que el Papa está parado en otro lado. Con sus aciertos y errores, con sus equívocos y humanas pretensiones, el Papa Francisco esta parado en el lado de los pobres y excluidos; en un lado en donde la Iglesia ha sentido mucho y pensado poco. Un lado desde el cual, en Europa y el Norte Mundial, el Obispo de Roma y cabeza de la Iglesia se vuelve incomprensible. Cuando se está al lado y del lado de los pobres y excluidos es la misma institución y sus leyes las que pasan a segundo plano, se sitúan en su lugar propio: un después epistemológico y jurídico. Un luego que tan solo por ser un luego cuestiona cimientos de poder y argumentos de tradición. Francisco, repito, con sus errores –y algunos bien tristes- representa otra forma de ser Iglesia, una manera distinta de pensarse, sentirse y desvivirse desde el Evangelio: la manera de aquel que sufre, de la persona que tiene puesta su esperanza última en Dios, pues el mundo, los otros y sus instituciones se las han negado siempre. En ese lugar la fe adquiere todo su sentido y fuerza. Es justamente allí donde se “desborda”, donde se hace “sobreabundante” y deja ser caridad, generosidad y buena voluntad. Es allí en donde el mandato de Jesús “Haz tu lo mismo” se encarna y trasforma en ética, en política, en ecclesia. El Papa, en estos tiempos globales y en donde la hegemonía eurocéntrica sigue queriendo imponerse, habla desde el Sur. El Sur es una categoría geográfica, pero también mental –espiritual-, social, política y eclesial. El Papa es del Sur, viene desde el Sur, está parado en el Sur. En el inicio se le criticaba “no ser un intelectual” –como si solo en el Norte se pensara; “no ser un gran teólogo”, como si la teología se hiciera solo en las aulas del Norte y sus reductos nortepensantes del Sur. Se decía “habla como párroco”, intentando comprender un ethos folclórico –a los ojos del Norte- que irrumpía en Roma con modismos y gestos propios de quien se para al otro lado e (im)propios para sacrosantos lugares de la Europa extraviada y en decadencia. Francisco desde allí les habla a todos; de la mano de los sencillos, de los sintecho, sintierra y sintrabajo les habla a todos. Por eso su marca ha sido la ternura y la misericordia. Pues quien habla abrazando al pobre herido solo puede acercarse al indiferente, al cómplice y al individualista desde la misericordia. Este es el Francisco que nos viene a visitar. Un Papa atacado desde dentro –con libros y públicas intervenciones de sus propios Obispos y hermanos en la fe (y ojo con caer, sin espíritu crítico, en esa estrategia maligna). Un Papa que como nunca en la historia reciente está mirando más allá que muchos: laicos, teólogos, agentes pastorales, vaticanistas, religiosos/as, curas y obispos. Un Papa que sueña, que anima, que impulsa, que mueve, que empuja y sobretodo que ama. El Papa no es Dios, no es Jesús ni un santo en vida; es solo un servidor; un hombre orante y discípulo de Jesucristo, un obrero de la Comunidad-Iglesia, un misionero de la misericordia. Un obispo. Y como tal habría que agregarle el apellido “del Sur”. Francisco del Sur eclesial, del Sur social, del Sur de la historia, del Sur cultural –con sus sabores, su chispa, su entrada y su sospecha. A ese hombre lo acogemos con cariño y alegría para que vuelva a recordar a la conciencia cristiana (y ojalá no creyente también) de los Chiles de hoy que el pobre urge, que la tierra llora y que las relaciones humanas pueden y deben ser cordiales, abiertas, tolerantes, amables, alegres, pacíficas y justas.

Dios, el sufrimiento y lo que podemos hacer.

Muchas veces, no siempre, una reflexión filosófica, teológica o de otro tipo surge de la experiencia. Allí encuentra su raíz. De lo que vivimos y vemos brota el pensamiento; de lo que sentimos o dejamos de sentir; de lo que nos rebela por dentro, de lo que nos alegra.
Este libro nace de eso, de la experiencia de impotencia y abandono ante el sufrimiento de mi papá accidentado; de la pena e indignación frente a la miseria e injusticia de tantos y tantas; y por una experiencia fundante –como me gusta decir, pues así lo es- de encuentro con los sufrientes en los campos, en la selva, en las urbes, en las cárceles y en las casas de los pobres.

Junto a ello, la certeza de que Dios no está mudo; de que la teología y los discípulos y discípulas de Jesús aún tienen algo que decir y proponer. Y mucho que acompañar y aprender.
Del cruce entre la experiencia y la reflexión a partir de la fe; nace este pequeño libro.
Pequeño libro que trata una inmensa incógnita; un enigma –como diría Paul Ricœur; un misterio: el sufrimiento. Para acercarme a este fenómeno universal y, al mismo tiempo, íntimo e intransferible; me concentré en la relación, en la urgencia y necesidad de la relación con los que sufren para desde allí, comprenderlo, asumirlo y combatirlo. Y, por otro lado en como vivenciaron su propio sufrimiento y las relaciones que podían establecer desde ahí, aquellos y aquellas que se toparon con uno de los peores y más horribles rostros del sufrimiento; lo que algunos han catalogado como la fábrica del dolor: Auschwitz.
Junto a lo anterior había en mí un malestar, uno que tenía, que tengo y que sigo percibiendo, que tiene que ver con nuestras catequesis, pastorales y reflexiones respecto del dolor. La búsqueda de un consuelo fácil, de una explicación fácil –propias de un mundo facilista, de palabras fáciles y soluciones en 10 pasos. Cuando sabemos que nada es así, ni la felicidad, ni la democracia, ni las relaciones humanas, ni la familia, ni la fe. Nada. El drama de la existencia y sus vaivenes nos plantea la pregunta por el sufrimiento del ser humano, y por el qué hacer, como acercarnos al dolor del otro: muchas veces intocable e imborrable.
Tanto la teología, como la acción pastoral no pueden ni deben caer en aquellos facilismos tan propios de nuestros tiempos. A veces viendo los panfletos políticos, con una enumeración de propuestas, pienso: qué fácil. Ya sabe qué hacer y cómo hacerlo… En la Iglesia no sabemos siempre cómo hacer las cosas, qué hacer ni como caminar por sendas de humanización. Lo hacemos “a pulso”, buscando, con otros y otras; lo hacemos o nos gustaría hacerlo “al estilo de Jesús”: simple, compartido y abierto.
Baste abrir los diarios estos días, para ver qué lejos andamos. Y baste visitar Villa Francia, Cristo Vive, la Yungay o alguna capillita del sur del mundo, para ver cuán cerca estamos.
Esta reflexión moral, quiere ayudar a seguir buscando, a continuar revisando nuestras prácticas, personales, sociales e institucionales en pos del Reino anunciado e inaugurado por Jesús. Pero por sobre todo busca otra cosa: No soltar de la mano al que sufre. No soltar de la mano al preso, al enfermo, al pobre, al marginado, al migrante, al que vive en la calle, al borracho sin remedio, al niño vulnerado… porque ellos nos tienen algo que decir, algo infinito, algo que viene de Dios y de lo más profundo del ser humano.
Quiero agradecer profundamente a varias personas, me tomaré el tiempo para ello si se me permite. Agradezco al teólogo jesuita francés Alain Thomasset, quien me ayudó a sistematizar este trabajo, agradezco a mis hermanos de congregación: Alberto Toutin, Eduardo Pérez-Cotapos y Alex Vigueras que lo leyeron, me orientaron y me animaron a compartirlo. Agradezco a Diego Irarrázaval que también se dio el tiempo y la delicadeza de compartirme sus opiniones. Agradezco a Lytta Basset, una de las teólogas que sigo en su pensamiento por su lucidez, calidez y buena acogida. Agradezco a Veronique Dufief, madre de familia y valiente testimonio cristiano desde su bipolaridad; agradezco a Editorial San Pablo, en particular a Rodrigo Morales –mi editor- por su cariño y atención con este tema tan importante y a Andrés, por las largas horas presenciales y virtuales corrigiendo hasta los más mínimos detalles, que en un texto nunca son mínimos. Gracias a mi familia religiosa sscc y a mi familia de sangre por su apoyo incondicional; gracias a los amigos y amigas que siempre apoyan y hacen creer en uno y en ese nosotros imprescindible. Doy gracias a Nilo Ribeiro Junior, teólogo jesuita de Brasil y mi profesor de ética durante algunos años, que ha hecho una excelente presentación del texto, un tanto exagerada a mi modo de ver; pero perfecta en cuanto a la antropoética-teológica se trata. Y finalmente agradezco a Alejandra López y Luis Domínguez por estar aquí, uno de bien lejos, acompañando este momento; gracias por su sí desinteresado y gratuito; y por la paciencia para haber leído el libro. Mil gracias!!

Texto leído en la presentación del libro, por Pedro Pablo Achondo Moya
FILSA (Feria Internacional del Libro de Santiago) Jueves 2 de noviembre, 2017

Desde el abismo clamo a ti, Señor“. Dios, el sufrimiento y lo que podemos hacer.                                                                  Editorial San Pablo, Santiago de Chile, octubre 2017, 126 pp.

 

 

Comentario sobre “Desde el abismo clamo a ti, Señor”

 

Desde el abismo clamo a ti Señor” parido por el corazón del teólogo y amigo Pedro Pablo Achondo Moya quiere llamar a toda la humanidad dolida sobre su propia condición. El salmo 130 no es más que la excusa para abordar uno de los frentes más intempestivos y arrolladores de la vida humana. ¿Quién puede descifrar el lenguaje de ese episodio descomunal que deja mayormente sus secuelas y que pulveriza más aún la vida ya frágil de los pobres?. El sufrimiento no forma parte hoy de la agenda de los escritos teológicos tradicionales, tal vez porque desde las cátedras dogmáticas se pontifique con dureza la “resignación” que debe acompañar ese evento desgarrador. Tampoco se esperará interpretaciones en la sociedad capitalista que lo promueve por todo el planeta con escandalosa perversidad, desparramando interminable sed de venganza hacia blancos disparatados y ufanándose de millones de víctimas inmoladas. En la obra subyace permanentemente la memoria del Holocausto que, como exergo e incitación, nos induce a la reflexión sobre el sufrimiento provocado y la desesperada búsqueda de Dios al mismo tiempo. Algunas memorias vuelven del exilio literario para darnos luz sobre muchos otros dolores que ponen en zozobra nuestra vida, sobre todo en este continente de permanente injusticia. Los testimonios de Lytta Basset y las referencias a Thevenot, Metz, Hillesum, Gustavo Gutierrez, entre otros, nos hacen viajar en una mancomunada reflexión filosófica y teológica con acento en una nueva Ética ante el siempre mutable rostro de los millones de sufrientes necesitados de consuelo. La primera, una teóloga suiza de primera línea que supo poner la piel a esta reflexión urgente y necesaria. El texto mezcla rigor intelectual con sencillez de poeta de pueblo. Su principal logro será hacernos pensar en lo posible: la osadía de la compasión, la revolucionaria manera de descubrir a Dios en los sufridos de la Historia y el descubrimiento de que aquellos actos nos reconstruyen a nosotros mismos, con la posibilidad de inclinar la balanza hacia los débiles. No es la obra de caridad que entusiasma a las clases medias maquilladas, es el acto de amor jugado que traspasa límites para llegar a la otra orilla, es la audacia colectiva de “perder” el tiempo para curar un herido del camino abandonado por todos. Esta ópera prima de la acción compasiva tiene sus ribetes emocionantes. No será ya lo mismo abordar el sufrimiento después de repensar a los filósofos de la alteridad como Buber o Lévinas, este último con marcas epidérmicas de los campos que tuvo la posibilidad de ir al ovillo de la Libertad intelectual renaciendo permanentemente para no morir. Así como Levi, Wiesel o Bauman, sobrevivieron con su memoria intacta y nos “provocan” e inquietan apasionadamente. O desde la capacidad de Benjamin de rever la Historia desde otro lugar, una aventura a la que nuestros teólogos de la Liberación nos tienen acostumbrados, con peor o mejor suerte. No será lo mismo colocarse del lado de los vencidos- acorralados de la Historia, emboscados por tantas pestes y quebrantos. O la sensibilidad de Dufief quien carga con desesperación su dolor psíquico clamando a su Salvador. Pedro Pablo eligió pensadores poseedores de enormes heridas imposibles de exorcizar con ritos protocolizados. Cada uno de ellos desnuda su originalidad y su resiliente actitud superadora. Mi primer encuentro de impacto irreversible con los sufrientes fue cuando Dom Paulo Evaristo me pidió vivir con Enfermos de SIDA a fines de los 80, una escuela que llevé con dolor y esperanza por 6 largos años y que marcó profundamente mi vida personal. Fue allí cuando me quedé sin retórica y nací a una nueva realidad. Y desde allí amanecería todos los días de mi vida con el sufrimiento golpeando a mi puerta. “Desde el abismo..” me hizo bucear en las miles de preguntas pendientes, en las centenares de horas de trabajo en la salud buscando aliviar la agonía de los que viven el dolor en soledad y la alegría que vuelca mi pueblo luchador sin dejarse vencer. Bienvenido sea este crisol que hackeará nuestro pesimismo e iluminará un poco más nuestro horizonte”.

por Luis Domínguez

(http://luisdomin2002.blogspot.cl/2017/10/el-abismo-desde-el-abismo-clamo-ti.html)

Un canto a tres voces

Memoria Visual de Legua Emergencia, vida y oficio de Mario Alarcón. Paulo Álvarez Bravo.
Presentación.

Nos enfrentamos a un hermoso canto a tres voces, tres voces que se entrelazan en este trabajo serio, artístico y político sobre la memoria. Paulo mira a Mario y Mario mira la Legua Emergencia. Mientras ambos amigos y vecinos la habitan, la sufren, la sueñan. La Legua y Juegos Infantiles, pequeña calle de la población, pequeño espacio en donde transcurre un tiempo precioso para quienes se conversan sin más. Allí en ese espacio Mario y Paulo realizan el urgente ejercicio de la memoria. Repasan juntos la historia de uno que suscita las historias del otro. Paulo quiere mirar por el lente de Mario, Mario abre sus negativos y juntos redescubren la emergencia en que la Legua ha vivido y sigue viviendo.
El ejercicio de memoria visual que Paulo nos regala ha suscitado en mi algunas consideraciones sobre la memoria, su vitalidad y urgencia. Es un libro que dice mucho, que afirma la fuerza de los detalles y en como ahí se nos juega la vida, de qué manera los pobres viven y sobre viven en la inestabilidad de todo, como si el suelo familiar, habitacional, educacional, de la salud, los sueños y las verdaderas posibilidades estuviera siempre coqueteando entre el quedarse y el perderse, entre el afirmarse y el ser arrebatado. Vida y oficio de Mario Alarcón es un libro en claroscuro, como su vida misma, como las casitas de Legua Emergencia. Allí hay luz –y color diría un universitario optimista, pero la vida no se teje solo desde nuestras luces, sino mucho más desde nuestras oscuridades, sombras, contradicciones, luchas y fracasos. “Son nuestras transgresiones las que serán salvadas”, decía un teólogo brasilero. Es nuestra oscuridad la que será transfigurada, haciéndose luz, manifestación, fainos. Más que fotografías, Mario nos regala una Leguafania, una nueva muestra de eso que no se ve. De eso que ha dejado de ser, de eso que no se deja ver y, desde mi punto de vista uno de los méritos de la memoria, de aquello que nunca llego a ser.
La infancia en el libro es fundamental; son los niños los dueños de la calle y gran parte de la muestra está atravesada por la callecita Juegos Infantiles. Son los niños descalzos, los niños del vecino, los niños sin padres, los niños y niñas que no saben que la vida no es solo así y no tiene porqué serlo. Esa pregunta vendrá después y para más de alguno la dictadura cívico-militar le habrá arrebatado la respuesta. Los niños no cabían en Emergencia –dice el autor. Familias numerosas en donde los niños entraban y salían, comían en diversas mesas y dormían en camas prestadas con otros. Esos niños, pese y contra todo, mantenían viva una esperanza común, una alegría compartida que décadas después el narcotráfico y la intervención policial llegarían a opacar y ensombrecer, como para ahuyentar las dudas respecto a ese claroscuro de la cotidianidad legüina.

¿Qué hizo distinta la vida de Mario? A sabiendas de que cada vida es única y, desde ella, hermosa; en Mario aparece algo que lo tiñe todo: su oficio, y como dice el subtítulo, inseparable de su vida. La fotografía y su lente: Iris. Su vida y su arte, su amor, la compañera de sus días y la otra compañera, esa cámara por la cual Mario fue haciéndose de la realidad, apropiándosela y transformándola en ese cuarto oscuro en donde todo desaparecía y volvía a aparecer de otro modo. Mario encontró un arte y lo hizo realización, pasión, trabajo, oficio. Quizás eso todos debiéramos encontrar, eso que llamamos vocación. Aquello por lo que la vida se llena de sentido y permite sobrepasar escollos, penurias, miserias. Aquello que detiene el tiempo. Pues la memoria y el arte se entrecruzan suscitando aquello que no llego a ser en el presente, pero que la vida nos impulsa a darle una segunda oportunidad. Si la memoria busca traer aquello arrebatado por la historia, el arte se torna una de las plataformas para que tome cuerpo, espacio y presente, voz y latido, rostro y conquista.
Paulo afirma (pag 32) que el enemigo de la memoria no es el olvido, sino la memoria despolitizada, instrumentalizada, manoseada, hipócritamente construida. Y tiene toda la razón. Valdría agregar, como dice un historiador de la memoria judía, Josef Yerushalmi, que lo contrario de la memoria es la injusticia, pues recordar es un acto de justicia. Olvidar es un acto de injusticia respecto al mal y los sufrimientos en la historia de los pueblos y en las historias personales, como la de Mario e historias colectivas, como las de Legua Emergencia. Una sociedad del olvido corresponde a una construcción injusta que no toma en cuenta, suficientemente, el mal y la negatividad del mundo ni la muerte de inocentes, ni el sufrimiento siempre terrible de las víctimas de la historia. La fotografía de Mario, en Legua Emergencia y el libro –una segunda fotografía y un trabajo de memoria, de Paulo Álvarez, constituye, en este sentido; un acto de justicia; una búsqueda por hacer justicia a un grupo humano marginalizado, empobrecido, violentado y atemorizado. Un esfuerzo por contribuir en aquella lucha llamada justicia. Y todo ello, desde la vida sencilla de un fotógrafo de población marginal.
Así, la memoria es una manera de comprender la realidad doliente, una hermenéutica que nos permite hacer visible aquello que de otra forma permanecería invisible. Sin un adecuado trabajo de la memoria de las injusticias no habrá justicia posible –afirma, también, Yerushalmi.
Nuestras sociedades numéricas y del olvido, sin narrativas, sin testimonios; pierden la riqueza de una vida vivida y sufrida en la carne concreta del narrador. Dicho de otro modo, sin la memoria, tanto la sociedad, como la política y la religión; no alcanzan a vislumbrar, percibir, dejarse tocar y transformar por lo más propio de la vida humana. Allí radica la fuerza del testimonio, en cuanto ejercicio de memoria de una vida padecida. Hacer memoria del sufrimiento, del dolor, de las injusticias es siempre un peligro para el orden establecido, la memoria es peligrosa, en el decir del teólogo alemán Metz, pues cuestiona los cimientos de instituciones, relaciones, maneras, leyes y prácticas normalizadas que continúan reproduciendo injusticias y seres humanos-desechos, arrojados a las periferias sin importarle mucho a nadie.
Metz lee la bienaventuranza felices los que lloran (Mt 5, 5) desde la perspectiva del deber de memoria: aquellos que lloran son los que hacen memoria de los desaparecidos, son los que no olvidan a los ausentes y sufrientes. Así, establece una hermosa y profunda aproximación entre el deber de memoria, la compasión y el “don de lágrimas”. Cuantas fotografías de Mario habrán provocado en él un llanto.
Vida y oficio es un testimonio visual, que a contracorriente de la pornografía y del voyerismo fotográfico actual, suscita en nosotros memorias. Todos somos un cumulo de memorias; cada individuo posee una multiplicidad de memorias (colectivas e individuales, pretéritas y recientes, adquiridas y vivenciadas), las que se superponen y oponen entre ellas. Estas memorias se constituyen en trazos inscritos en lo íntimo de la persona. Se trata de memorias que poseen una dimensión pública en la medida en que condicionan y conforman el imaginario común de la sociedad contemporánea. De alguna manera, somos lo que recordamos. Y también lo que no queremos recordar.
En una nota al pie (n3), Álvarez dice: “la pobreza nunca ha escandalizado demasiado, a no ser como fetiche”, haciendo alusión a fotografías de Sergio Larraín de niños en condición de calle que el padre Hurtado atendía. Nuestro país se ha construido de esa forma: sin escandalizarse demasiado por la pobreza; pobreza que según Herman Cohen, filósofo alemán de fines del siglo XIX, principios del XX, es el verdadero mal de la humanidad. “El verdadero problema del mal es el sufrimiento que causa el hombre… Los profetas y los salmos tienen el convencimiento social de que la pobreza representa el mayor sufrimiento del género humano… que la pobreza y no la muerte constituyen el auténtico enigma de la vida humana”. Una sociedad que ha crecido de espaldas a los pobres, silenciando su pobreza, transformándola en marketing solidario y generando pobretologos de clase alta, es una sociedad hipócrita, inconsciente de su propio mal y con muy pocas posibilidades de revertirlo. Legua Emergencia y muchos otros rincones claroscuros de nuestras tierras; urbanos y campesinos, de montaña y de costa; viven la extrema precariedad sin ninguna posibilidad de transformar su destino ni el de sus hijos.
Mientras escribo estas líneas y pienso en la suerte de Mario Alarcón, me llegan mensajes del Pipe, amigo que hace un par de meses salió de la cárcel de Rio Bueno para volver a algo como una vida en Concepción. Una vida angustiada por la imposible inserción en la sociedad, sin trabajo, sin dinero, apaliado por un golpiza, intentando rescatar a su hijo arrebatado por el Sename. Pipe solo se saca selfies junto a su hijito mayor acostado en la cama del cuarto que con su compañera arriendan y deben hace meses. Sus fotos son en colores y filtradas para resaltar los colores que no encuentra en ningún lugar de su vida. El Pipe vive esa doble o triple pobreza de hoy, esa que ni para fetiche alcanza, tal vez para programa policial tipo Chilevisión. La pobreza debe no solo escandalizarnos, sino dolernos, asquearnos. Si no brota un sentimiento encarnado de compasión ante la vida del Pipe, las fotos de Mario y el libro de Paulo habrán sido en vano.

Lo que parece nadie darse cuenta, salvo la cuarta voz invitada al canto, el lector; es que aquel lente tiene nombre: Iris Rivas. Iris, en su significado es “aquella que viene a anunciar”. En el ojo el iris tiene la función de “controlar la cantidad de luz que penetra en él”. El iris de Mario fue su compañera, Iris Rivas Rivas, aquella que le anunció una vida de entrega, que le enseñó de cuidado y compasión, de esfuerzo y tenacidad; ella a quien amó los 49 años que estuvieron juntos y de los cuales solo 4 pudieron caminar por la calle Juegos Infantiles de su población Legua Emergencia.

Una Iglesia –de nuevo- escudada

Nos hemos enterado de una nueva y triste historia. En realidad de nueva poco, porque sabemos que cosas como estas se llevan repitiendo hace años, décadas, siglos; quién sabe. Abusos, que como también sabemos ocurren en todos los ambientes y sobre todo dentro de la familia (ojo con este tema que aún no aparece como debería. Si juntamos frustración social, alcohol en exceso y un machismo que lo impregna todo en una cultura patriarcal; tenemos el caldo de cultivo para todo tipo de abusos sexuales. Cabría aquí una reflexión sobre esa misma mezcla dentro de la Iglesia). Como decía, los abusos están vinculados muchas veces a una miseria cultural y/o a una miseria psico-afectiva y, por supuesto, a toda una estructura social que lo ha permitido y sigue permitiendo. El caso del hermano marista probablemente responde a estos últimos factores. Literatura hay harta. ¿Qué es lo que se va volviendo cada vez más impostergable, incomprensible e intolerable? La desidia (para permitir la justicia) y la pureza (como respuesta moral). Me explico; la desidia es la ineptitud, la torpeza, incluso dejación a la hora de tratar tan horrible situación. Cuando se sabe de un abuso no hay cabida para la ineptitud. Pues, detrás hay un ser humano que sufre el infierno. No hay cabida para largos procesos de revisión cuando las horas pasan y la noche vuelve a acechar la inocencia de un niño o niña. La desidia es, en este caso, un delito. Un error gravísimo. Poseemos protocolos, herramientas, medios, talleres, profesionales… en la Iglesia y fuera de ella; en todas las instituciones. Pareciera que la Iglesia no asume que es parte del mundo, que está en el mundo (sin ser él) y que debe aprender del mundo. Esto no es más que testimonio de una sociedad enferma, de relaciones enfermas; de estructuras enfermas que avalan, permiten, protegen o simplemente dejan pasar horrendos actos anormales que destruyen no solo el cuerpo del otro, sino sobre todo su alma. Lo profundo de su vida. Aquí no hay justificaciones.
Pero la reacción tampoco puede ser la hoguera. Hace tiempo que me da vueltas eso de la “intachabilidad” (una especie de pureza moral), queremos políticos intachables, obispos intachables, autoridades intachables, deportistas intachables. No sé lo que es eso; ignoro si he conocido a alguien intachable; sin errores, sin caídas, sin pecado. Ignoro si alguien así merece respeto y admiración. Ignoro cuál modelo de persona es esa. Creo que es una reacción destemplada. Que no haya dudas, por favor, nada justifica el horror; nada avala lo terrible que ha vuelto a ocurrir. Ni una mala educación, ni ideas sobre el otro, ni una cultura en particular, ni una religión concreta. La aberración de un abuso merece la pena justa que el tribunal dictamine. Pero me permito prolongar esta reflexión respecto a lo humano, creo que es eso lo que verdaderamente aquí nos convoca. Pues justamente es lo humano lo que parece desdibujarse. Valga ver esa nueva plaza pública tan llena de verdugos como son las redes sociales. Lo humano es lo que no discutimos, no miramos, no admiramos, no amamos. Si seguimos esperando intachables (¿blancos?, ¿varones?, ¿adultos?, ¿con recursos económicos?) es que despreciamos, entonces, lo humano. Lo humano en uno mismo y en el otro. Dejamos de reconocer el humano que es el otro, transformándolo en un objeto, en algo, en una cosa. Y cuando llegamos a ese punto, entonces, está todo permitido. Incluido el abuso: social, político, económico, sexual, ecológico e intelectual. ¿Acaso no es eso lo que sucede con nuestros hermanos/as mapuche? ¿O con los niños empobrecidos del Sename? ¿O con la naturaleza indefensa? ¿O con las mujeres migrantes que deambulan sacándose las uñas por un trabajo cercano a una neo-esclavitud? ¿Acaso no se siente abusada una sociedad en donde reina la corrupción, la miseria, el tráfico de drogas, las “leyes para algunos” y la carencia de justicia social?
No necesitamos hombres y mujeres intachables; sino humanos. De aquellos que saben de penas y glorias; de esos que sudan el trabajo y celebran hasta el amanecer. De esos que piden perdón de frente y prefieren mirar al asesino para reconocerlo en el más allá. Humanos que asumen responsablemente sus actos, gestos y palabras. Humanos que conocen la justicia y que en la ruta contradictoria de la vida son capaces de reconciliación. Probablemente hay más humanos entre los pobres, entre los desprotegidos, entre los marginados; de lo que muchos creen. Entre aquellos y aquellas que se codean con la frustración, el desprecio, la irreverencia y la soberbia de los deshumanizados. Como me dijo un amigo, hablando de esto: los agujeros de las mediaguas dejan que entre humanidad; no así los muros de hormigón de los grandes colegios privados. Las paredes en la población cuentan los secretos aberrantes de otros (¡que siguen sucediendo! Pero que pueden combatirse). En las murallas de concreto abunda la desidia y el silencio impune. El horror de nuestras instituciones debiera, de una vez por todas, generar la reflexión –ausente- respecto al ser humano, respecto a la comunidad de humanos que queremos construir, sobre lo más propio de lo humano. En donde, creo, anida –entre muchísimas cosas- el perdón.
En este caso, da la sensación que no vale pedir perdón, el perdón más bien debe ser implorado. Esos catorce niños y niñas son los que deben perdonar y ello después de un proceso ¡que muchas veces cuesta la vida! (y solo ellos sabrán si lo otorgan). Decir perdón sin más, no vale y no sirve sin reparación y sin una real transformación de todo aquello que permitió la atrocidad. Hay que decir algo, claro que sí. Esa palabra sagrada será dicha de frente, personalmente y desde la humildad (y humillación) más profunda posible. Quizás así, entre lágrimas, volvamos a percibir lo humano que sin quererlo estamos destruyendo. El tiempo apremia. Dios nos libre de las palabras de Jankélévitch respecto al horror de la Shoah, invirtiendo el texto de Lucas (23, 34): Padre no los perdones porque saben lo que hacen.

Publicado en The Clinic, jueves 7 de septiembre, 2017. Chile.