¿Se puede ser católico y millonario?

Nos enfrentamos a una pregunta incómoda y compleja de responder. Incómoda, porque de hecho hay muchos –o muchísimos- católicos millonarios (o millonarios católicos). Y compleja por dos razones, primero porque habría que entrar a definir “millonario” y desarrollar una especie de “camino a esa categoría”, en el sentido de que las riquezas se pueden haber heredado o haber sido el fruto de años o décadas de trabajo familiar u otros canales. Y, segundo, porque también de hecho, las riquezas seducen, hipnotizan, atraen. Hay algo en ellas vinculado al poder, a las posibilidades, a los sueños; a tantas cosas asociadas que sería iluso pensar que alguien no quisiera en su vida poseer una riqueza gigantesca. Dicho eso nos aventuramos a una posible respuesta, que como intuirán es más bien negativa. No se puede ser católico y millonario. Aquí no hay un juicio, mucho menos sobre la persona concreta. Alguien que posee grandes cantidades de bienes puede ser muy bondadoso, generoso, desprendido, muy amigo de sus amigos, dadivoso –incluso desde el anonimato-. Todo ello es loable y da chispazos de esperanza. Son testimonio de que no está “todo dicho”. Sin embargo, hay dos cosas que tomar en serio: la aseveración de Jesús de Nazaret (padre del cristianismo, y del catolicismo, si se quiere) y el contexto. Vamos a ello.


La afirmación de Jesús en Mateo 6, 24 (y en Lucas 16, 13; calcadas; lo que nos hace pensar que viene de una fuente anterior (Q) o de algún dicho de Jesús que habría calado hondo en sus primeros auditores) es tajante: no se puede servir a dos señores. “No se puede estar al servicio de Dios y del dinero”. Podríamos embarcarnos en la discusión si el millonario católico es realmente esclavo o sirviente de sus riquezas, pero eso es un callejón sin salida que quedará como una interrogante para el propio millonario, y serán sus actos concretos el testimonio veraz de su respuesta. Lo que es claro es que ambas cosas no andan de la mano. Quien tiene desea más y si puede lograrlo probablemente lo hará. El discipulado de Jesús tiene más que ver con lo pequeño, con lo sencillo, con el abandono, con el compartir(se), con la solidaridad (ni asistencialismos ni paternalismos ni padrinazgos). Ser católico es seguir a un hombre pobre y campesino llamado Jesús, es vivir y encontrar allí la plena felicidad en el amor de una vida compartida, entregada, donada por los demás y para los demás. La sobreabundancia de riquezas no van de la mano a una vida sencilla, evangélicamente pobre, humilde; grandes extensiones de tierras, fundos, haciendas, automóviles de última generación, lo mejor de la tecnología, yates, viajes por doquier en los mejores hoteles…. No van de la mano a una autentica vida cristiana. En algún momento el (o la) millonario católico deberá optar, hacerse cargo del mandato de su Señor, responderle al Maestro: ¿Qué has amado? ¿Qué has defendido? ¿Para qué te has desvivido? ¿Por quienes? Y con una mano en el corazón, mirando a su Dios, deberá responder.


Luego, el contexto actual. Muchas veces he pensado, mirando las riquezas del millonario católico, cómo no hacerse cargo de la miseria de nuestro país. Cómo no preocuparse –¡de verdad!- por la salud paupérrima de tantos, cómo no construir la anhelada escuela, reparar las viviendas de emergencia en la que viven miles en Chile; cómo no darse cuenta de las posibilidades de transformar tantas realidades; cómo no becar a miles de jóvenes porque sí, cómo no pensar -¡de verdad!- en mecanismos de inclusión social, en políticas (economías) de justicia social; cómo no comprarle esos remedios impagables a la joven enferma de cáncer, cómo no hacerse cargo de la miseria de tantos adultos mayores en Chile, cómo no soñar. No se trata de discutir políticas sociales o el rol de Estado; o qué beneficios a largo plazo pueden tener acciones concretas como las nombradas. No hablamos de teoría política o económica; hablamos de ojos que no ven, de corazones que no sienten; hablamos de miles de posibilidades no realizadas. Pareciera que muchos lo piensan, pero el bolsillo y las cientos de justificaciones (familiares, largoplacistas, porsiacacistas…) son más fuertes. Y la realidad sigue parcialmente igual, el contexto se impone: los vecinos siguen haciendo lo imposible por reconstruir la pequeña vivienda que el incendio se llevó, mientras Ud., hermano católico millonario descansa en las cumbres andinas. ¿Qué dejar?, ¿Qué hacer?, ¿Qué no hacer? ¿Qué priorizar? Eso lo verá cada uno. Yo me contento con que no pase por el mundo (¡y la Iglesia!) sin mirar al Chile real en el que le tocó nacer, vivir, estudiar, descansar, trabajar… ese que está a las orillas de la Costanera Norte, ese que siente en las capillitas del sur turístico, ese que Chilevisión ataca criminalizando, ese que hace años espera su hora en el hospital, a ese que aun luchando (y sacándose la cresta trabajando) le han arrebatado sus sueños. Ser católico es saber mirar, y mirando llenarse de compasión, y sintiendo ese malestar en sus entrañas: actuar. Do it.

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14 thoughts on “¿Se puede ser católico y millonario?

  1. Si bien estoy de acuerdo en la intuición inicial, me parece que la propuesta peca de individualismo y sobresimplificación. De individualismo, porque olvida que la riqueza – como la pobreza – no sólo son causa individual, sino social. O en términos teológicos, sería una “estructura de pecado”. Del mismo modo que los pobres no son pobres por sí, sino por una estructura social, los ricos también, en cuanto en razón de esa estructura se decide qué tipo de personas y actividades son las más remuneradas. Y también, me parece, que hablar de la riqueza sin un adecuado contexto – por ejemplo, riqueza habida por X e Y razones (y bueno, también qué significa ser rico en Chile, que, me imagino, no debe ser lo mismo que ser rico en EEUU – aunque me parece que la conversa sí aplica, en el sentido de que ser rico en EEUU es ser (muy) rico en Chile). Por ejemplo, en un mundo posible donde los científicos – bajo un concepto de ciencia muy amplio – ganan lo mismo que los futbolistas, uno podría pensar que, aún cuando ambas riquezas son desproporcionadas, en el primer caso la contribución al bien común es mayor y por lo tanto, menos injustificada. Finalmente, la reflexión propuesta al católico millonario debe ser comunitaria. Asumo por hipótesis que es un contrasentido ser católico y no formar parte de una comunidad de fe, y, por lo tanto, reflexionar sobre las implicancias de la fe en ese nivel.

  2. Que belleza es ser simple en esta tierra. Esa simpleza que alcance para lograr un hogar y un ingreso que permita para lograr el alimento y de vez en cuando para mejor vestir. Esa simpleza que con esfuerzo logré la educación de la familia. Pero lo anterior ayudado con una buena entrega a los descendientes en su orientación principalmente en sus primeros cinco años de vida. Si no te preocupas de ellos en ese tramo de su vida, olvídate de los buenos resultados. Es tan importante la preocupación de los propios padres en forma ectricta y firme, ordenada pero comprensible ya que el País está completamente equivocado en todos sus actores, es decir en los tres poderes del estado. Qué pena que no haya respeto a las buenas normas como era cincuenta años atrás. En lo que se consulta digo: ser católico es solo una forma de vida para buscar un poco de paz, pero feligreses y representantes de la iglesia desde tiempos inmemorables ocultan la maldad. Ser millonario es una forma de pasar la vida con superioridad ante el prójimo y pisotiando al desvalido. Por tanto no puede un millonario ser buen católico, de ninguna forma. Pero el problema viene del Estado y sus legisladores son más materialista que el pobre o el más humilde. No veo solución en miles de cosas, lamentablemente en medio siglo más nuestros descendientes serán herederos de la mas horribles realidades de una sociedad desenfrenada.

  3. Hola Chico. Interesante tu reflexión, pero tengo algunos desacuerdos. Lo primero es que siempre se puede ser católico, porque es la fe de la misericordia de Dios. Si ser millonario fuera el mayor pecado del mundo, esa persona tiene el corazón de Dios ganado, porque Dios acoge con especial cercanía a los pecadores.
    Pero no creo que ser millonario sea incompatible con la fe a priori. Es una condición que pone mayores dificultades. Me llama la atención que asociaste millonario a egoísta, y son dos cosas que no tienen por qué ir de la mano. El millonario sí puede ser capaz de mirar la necesidad del prójimo y ayudarlo, y hará mucho bien. Entonces el punto es la generosidad, no la cantidad de bienes, como lo vimos con la viuda pobre. Por lo demás, hay pobres que son extraordinarios católicos, y otros que son muy egoístas.
    Finalmente, no deja de impresionante ese énfasis que algunos ponen en las riquezas, tan similar al énfasis que pone el Opus Dei en la sexualidad. En mi vida he aprendido que hay millonarios maravillosos, así como hay tipos que han sido infieles o se han separado y tienen excelentes virtudes. No hay una sola virtud que sea la dominante, la sencillez, la pobreza de espíritu, pueden aportar tanto como la templanza, la generosidad, etc.
    Un abrazo

  4. Es interesante como nos evoca a la propia defensa o el desentendimiento cuando estamos frente a un sombrero que nos calza perfecto. El rico siempre va a decir que no tiene tanto como otros, y para que seguir, que de ejemplos veremos bastantes. El jesus campesino, pobre y rebelde no es el mismo Jesus de los ricos, en auto y con anillos de oro. La culpa no es del auto ni del oro sino cuanto cuanto podemos mover las palabras para encontrar bondad en esa riqueza que tantos intentan ocultar porque ha sido “bien ganada” a costa de sacrificios (por.el.dios.dinero).
    Mientras las cupulas sigan siendo de oro, los hilos de las casullas seguiran siendo del mismo material.
    Un abrazo desde mas al sur compaire. La lucha sera feroz. Jah guia en rectitud

  5. En un diálogo con un Maestro de Vida En Temuco, a propósito de la parábola del joven rico… Este le pregunta, “quiero ser bueno”, cumple los mandamientos…ya los cumplo, pero…Y vuelve dónde Jesús que le réplica, además de ser buena persona, “Quieres Ser Cristiano”?… Eso es otra cosa…entonces vende lo que tienes y dáselo a los pobres…..este hombre simple, campesino. Que no viene de defender un Marco Legal, ni promueve y cuida una Religión como Sacerdote del Templo, cuya estructura política también le es ajena, ciertamente ve en el dinero un gran obstáculo en ese tiempo para un mundo más Justo…Y a la luz de los acontecimientos actuales, tengo la impresión que no es distinto…. Junto a ello los actuales análisis científicos hablan que la Pobreza no sólo Duele y Daña, sino que Mata. Que llame Mamona al dinero, como un elemento que otorga Confianza en donde Sostenerse, que diga que “el amor a este $, es LA CAUSA de todos los males…ciertamente desde la óptica de este Jesús de Nazareth El Cristo de nuestra fe…se llega a lo que Jp plantea valientemente, con las ausencias comunitarias estructurales ya planteadas. Digo valiente, pues es un diálogo que pocos e atreven a enfrentar con altura de miras. Desde ya agradecido a Jp por su audacia fraternal y sororalmente, ahora desde Chiloé.

    1. Creo que en este punto estamos equivocados y aunque siendo católico ( o más bien me esfuerzo en actual como tal) comulgo más bien con las ideas anglosajonas. Tal como dice Pedro Pablo, el catolicismo parte de la premisa de que la riqueza en un pecado. Sin embargo desde un paradigma anglosajón la riqueza en si misma no es pecado, sino que lo sería el destino o finalidad que se le otorgue. Si la riqueza es fuente de enriquecimiento personal con el objeto de acaudale más patrimonio si lo sería. Pero si destinamos la riqueza como instrumento de generar empatía hacia el otro ( ejemplo generar empleo o bienes productivos hacías la comunidad), no lo sería. Basta que analizar la historia de los paises de raigambre católica y luterano- protestante para darse cuenta de que el desarrollo y equidad social se perfilan por caminos completamente distintos

  6. Este posteo intenso me parece sano y oportuno,para reflexionar como cristianos. Coincido con Pedro Pablo, al repetir las palabras de Jesús: “no se puede servir a dos señores” o cuando el joven le pregunta al Maestro “¿que debo hacer para ganar la vida eterna”?
    Creo que el afan del dinero va de la mano con el individualismo meritocrático: ¿por qué voy a repartir mis riquezas si todo lo logré con mi esfuerzo, si a mí nadie me regaló nada?
    El confiar en el dinero es quizas confiar en las propias fuerzas y no aceptar el don de la vida.

  7. Me pronuncie más arriba. Sostengo que el materialismo destruye la fe de dar al prójimo. Tengo tantas experiencias en esto. Por ejemplo, un rico en su vida activa no rebaja su fortuna por la acción de dar a terceros. Sin embargo, ese mismo adinerado, llegada su vejez y se pone un tanto bondadoso, pero tarde.
    Una vez mi madre va a comprar un cordero a un rico. Todo bien hasta cuándo ella le pide por gran favor se lo lleve en su camioneta por unos dos kilómetros ya que él se dirigía hacia allá. La contesta fue señora sepa usted que yo siempre he sido patrón y nunca obrero. Luego se fue solo.
    A meses de morir el rico se acercó a una iglesia, dada su decadencia, y fue bienvenido. Pronto regaló unos millones para ampliar ese templo y pronto falleció.
    Con lo anterior estoy diciendo que no fue bondadoso de verdad, solo se acercó ante la religión por la real realidad que se le acercaba, pero engañándose a sí mismo.
    Lo anterior es la tónica de muchos, sin embargo hay contadas excepciones.
    A la vez pude experimentar que un individuo medianamente pobre fue comprensible en todo sentido de ayudar, pero en tanto mejoró su bienestar económico se olvidó de su modestidad y miró en menos a sus semejantes y cerró sus graneros porque de verdad últimamente le dolió dar al prójimo. Esto es muy frecuente y además peligroso.
    Otra vez una persona llena de bondad en su iglesia se le encomendó dar la ostia a los feligreses. Es decir un ejemplo en el barrio. Sin embargo un día fallece su hermano carnal y ella se restó de ir a su sepelio porque mantenían una enemistad de antaño. Que ejemplo de catolicismo más malo, es decir, a los ojos de Dios.
    Otra dama, se enemistó conmigo porque su hijo fue privado de libertad por haberme robado mis pertenencias. Es decir ladrón. Por tanto al encontrarme con ella en un colectivo para viajar Juntos, prefirió bajarse de inmediato. Sin embargo en la iglesia a diario es religiosa a carta cabal.
    Son tantas y tan distintas las realidades que proyectamos hacia la sociedad, pero a Dios no lo engañamos.
    Para terminar, me quedo con mi creencia en privado y desde el fondo de mi hogar, donde puedo meditar con más tiempo y paciencia.
    Por lo expuesto puedo concluir que la sociedad toda esta convulsionada, ya no hay pechoños ni timidéz.
    Sigo siendo católico pero con la máxima precaución, en lo posible.
    Entonces religioso y adinerado, rara vez pueden ir de la mano.
    Lectores, me expreso y a la vez guardo respeto por su mejor visión en este tema.
    Gracias.

  8. Creo que si un católico se enriquece trabajando y emprendiendo, eso no es malo.
    Esas actividades dan trabajo y ayudan a otras personas, particularmente si se es justo en retribuir el aporte de quienes trabajan con él.

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