We XipAntu

wetripantu-960x623De lejos oía los gritos y celebraciones; de lejos sentía los instrumentos sonar. La noche era fría y hermosa, limpia y llena de estrellas. Bien abrigado me acerqué a los ranchos, varios; más de 15 comunidades reunidas para el Sol que se acercaba. Los fuegos calentaban alrededor del Rehue. La gente compartía, conversaba y recibía a los que llegábamos. La joven Machi concentrada frente al Rehue, céntrico con su tótem de madera imponente. Arriba, bien arriba flameaba la bandera kalfü. Arriba, más arriba, las estrellas y esa neblina típica que se avecinaba. La bendición de los alimentos fue solo el anticipo de lo que venía. Las Camascas traían sus alimentos y todos compartíamos Muday y harina tostada, mientras la rogativa se desarrollaba. Los que ayudaban a la Machi y la protegían corrían alrededor del Rehue y nos daban instrucciones. El silencio crecía lentamente. Mates, carne, sopa, papas, sopaipillas; pasaban por nuestras manos. Risas, conversación, nütram, sueños. Todo bajo un manto solemne y ceremonial. Sonó la trutruca y los cuernos para avisar que la ceremonia central comenzaría. Había que aportar con todo el Newen para la Machi que recibiría los ngen de los ancestros. Ellos nos hablarían del futuro, del ahora, del tiempo de la Mapu. Comenzó un purrun interminable, horas danzando al ritmo del Kultrun, mientras la Machi en trance cantaba y decía lo que de los ngen recibía. Un joven Mapuche interpretaba en Wingkadungun y la apoyaba con las oraciones en Mapudungun. El éxtasis –de la Machi y de la comunidad- no cesaba y el corazón sentía ese otro sentido, eso otro que venía de dentro (y de fuera). Las matracas sonaban y sonaban, gritos, palos, disparos al cielo para espantar cualquier mal espíritu. La Machi cantaba y cantaba, el purrun seguía y seguía; matracas, purrun, canto, gritos, noche y la neblina que lo cerraba todo. De pronto la Machi subió al Rehue para recibir la medicina; un remedio que todos tomaríamos para sanar nuestras enfermedades. Un corderito gritaba de vez en vez por ahí dentro del lugar ceremonial. El silencio había llegado. Había que apoyar a la Machi. Más canto, más danza, más purrun; que nadie se detenga. Horas y horas… ninguna luz salvo las pequeñas hogueras de alrededor que algo calentaban una ceremonia llena de calor, de fuerza, de tensión. Purrun Purrun y la noche que avanzaba rápidamente. Danza y danza, trutrucas, cuernos, püfillkas, kull-kull. La Machi saltaba sobre el totem, entre el canelo como dentro de la divinidad que ella recibía. Todos esperábamos el remedio que los pu longko preparaban; recibiendo la sabiduría de la Machi. Todos tomamos; todos recibimos al Antu Nuevo que nos vino a visitar. Todos agradecimos. Todos recomenzamos.

Wingka cura Pedro Pablo.

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