Calendarios

apertura-carcel-715x374Fue breve, casi un instante. Y es que en la cárcel hay que estar despiertos. Nada de distraerse; incluso los visitantes. No fue una visita más, pues nunca lo es. Cada una puede ser el despertar de algo único. Allí, en ese instante vigilante; justo cuando el Paulo me estaba repartiendo las cartas para jugar “calle”; le preguntó –más bien increpó, a don Ale: “¿Oiga, está haciendo un calendario?” Don Ale, quien terminaba un mes completo con letra bonita, trató de disimular. Siendo imposible escapar, confesó su delito: Si.

marAhí supe que en la cárcel no hay calendarios; no hay que hacerlos; mucho menos colgarlos por ahí. Es una ley. De las de verdad. Nada de fechas ni meses. Fuera las semanas y esos días feriados que pueden ser los más terribles. En la cárcel el tiempo del calendario no vale, no existe, no interesa, no importa. Se lucha porque así sea -una lucha más. Aquí cada uno sabe, cada uno lleva la cuenta. Cuenta que es mejor muchas veces ni llevar. En la cárcel los calendarios no cuentan y si uno entra como si fuera a irse en algunos días –u horas; es mejor que no venga.

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